Romper consensos como estrategia
Cuando no hay nada que perder, bienvenido el caos: esa puede ser una de las máximas de la política contemporánea.
Para comprobarlo, basta con ver cómo buena parte de los emprendimientos políticos de los últimos tres lustros han tenido como estrategia el ataque sistemático a los consensos sociales.
En España padecimos la arremetida de Podemos y del independentismo catalán contra la Transición y la Constitución del 78, pero tan solo fuimos un caso entre muchos.
El Frente Amplio de Boric, copiando la táctica podemita, atacó la Concertación que hizo la transición a la democracia y que puso los cimientos de la modernización del Estado y de la economía chilena.
Bukele, con un lenguaje que también parecía robado a Pablo Iglesias –fueron una farsa, un negocio de la élites y un pacto entre corruptos–, criticó los acuerdos de Chapultepec que pusieron fin a una guerra civil de doce años.
Más performático que el salvadoreño, Bolsonaro reivindicó la memoria de un torturador durante el 'impeachment' de Dilma Rousseff , y con ello rompió el consenso moral que condenaba las dictaduras militares.
Otro especialista en destrozar rituales republicanos, Donald Trump, no reconoció su derrota en las elecciones de 2020 y celebró la toma del Capitolio.
Siguiendo su ejemplo, Petro rechazó los últimos resultados electorales y desafió la Constitución de 1991, el mayor acuerdo político del siglo XX en Colombia.Los políticos ya no son aristotélicos, y lejos de organizar la polis y buscar el bien común, prefieren desordenarla sin importar los males que esto traiga.
Lo hacen por una razón estratégica: cuando se patea el tablero y el modelo de sociedad vuelve a estar en discusión, los aventureros políticos tienen una oportunidad de oro.
Se abren espacios para que las nuevas ideas entren en disputa y para que vuelvan a negociarse las escalas de valores.
No solo los nuevos rostros consiguen atraer la atención mediática; los que van de salida, en riesgo de no ser reelegidos, encuentran en el absurdo una manera de tensionar la vida pública.
Transgrediendo las costumbres y las formas políticas, o haciendo propuestas provocadoras y rupturistas, suben los decibelios del debate.
Como los futuristas, que se abucheaban a sí mismos para tener un público enardecido, los políticos contemporáneos no temen romper sus principios si con ello logran activar al electorado.
Por eso Óscar Puente ataca al Rey gratuitamente.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.