El drama de los pescadores ecuatorianos desaparecidos en la guerra de EE UU contra el narco: “Tengo la esperanza de que regresen”
La voz de Joel Valencia llevaba el cansancio de un largo día de trabajo.
De cargar las pesadas redes de pesca y las gavetas con anzuelos y comida para la faena, de halar sogas, del balanceo constante del barco sobre el mar.
Era la voz carrasposa de quien está a punto de quedarse dormido cuando envió una última nota de voz a Maoli, su prometida, antes de perder la señal al adentrarse en alta mar.
“Chao, mi amor.
Cuida mucho al niño, no lo hagas llorar.
Procura darle desayuno todos los días para que cuando regrese lo encuentre gordito”, dijo.
Joel, de 22 años, es uno de los ocho pescadores desaparecidos de la tripulación del Fiorella , una embarcación que zarpó la noche del 13 de enero desde el pequeño puerto de Jaramijó, en Manabí, con diez tripulantes a bordo.
Tenían previsto pasar 25 días en el mar para pescar marlín, atún y dorado.
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