«Más altos, más rápidos, más fuertes»: los robots ya pulverizan los récords de los hombres
Los Juegos se remontan a la Antigua Grecia , pero quizá llegue el día en que una variante alternativa, sin humanos, se atribuya a la China contemporánea.
Este escenario futurista es ya una realidad en Pekín, que estos días acoge la segunda edición de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides, celebrada, para afilar el simbolismo, en el antiguo recinto olímpico.
Aquí, androides participan en todo tipo de competiciones en una exhibición del poderío tecnológico de la potencia emergente.
Miedo.
En uno de los pasillos interiores del estadio aparece un robot ataviado con casco y guantes, protecciones que no necesita, dispuesto a repartir mamporros en una pelea de kick-boxing.
Cada vez que alguien le corta el paso se detiene, solo porque está programado para ello. ¿Llegará el día en que seamos nosotros –pocas veces hubo un nosotros tan amplio– los que nos detengamos ante ellos? El sonido de sus articulaciones metálicas, sus pasos decididos –esto es, carentes de decisión– producen, sí, miedo.
El robot se aleja, y me asalta la punzante intuición de haberme cruzado con un enemigo.
Serán los nervios de este ser sensible, pero hay una ironía que no alcanzo a precisar –y por la que me resisto a preguntar a la inteligencia artificial– en que el grifo automático del baño haya dejado de funcionar.
De repente recela uno de todo, desde el carrito que conduce la limpiadora hasta los botones del ascensor que no se encienden a la primera.
No sé si estamos preparados para repensar todo lo que habrá que repensar el día que nuestra relación con las máquinas cambie.
Arriba, un humanoide jugando un partido de ping-pong; en el centro, una mujer montando un robot en el exterior del estadio y, abajo, la carrera de obstáculos en la pista de atletismo.
Jaime Santirso Ahora bien, la inquietud se convierte en diversión y hasta ternura al presenciar un partido de fútbol.
En la pista central, el equipo japonés RFC Tsudanuma disputa contra el chino 55W los dieciseisavos de final del cinco contra cinco.
Los androides trotan como niños torpes, se empujan unos a otros, se acercan dubitativos al balón y cuando no lo encuentran sacuden la cabeza, decepcionados.
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