Un matrimonio de conveniencia con el termostato en frío
Hay algo extraño en el nuevo Gobierno andaluz.
PP y Vox gobiernan juntos, pero no muestran demasiadas ganas de parecer demasiado juntos .
Comparten Consejo de Gobierno, programa, presupuesto y responsabilidades.
Manuel Gavira ocupa una Vicepresidencia y dirige una macroconsejería que reúne Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local.
Vox ha entrado por primera vez en el Ejecutivo andaluz con una cuota de poder considerable y, sin embargo, la fotografía que ofrecen ambos socios no es precisamente la de una pareja política entregada a la celebración de su alianza.
Más bien al contrario.Se aprecia distancia, cautela y un esfuerzo evidente por evitar que las diferencias se conviertan en enfrentamientos.
Lejos del habitual ruido político nacional, además.
Juanma Moreno sabe qué significa gobernar con Vox y también qué significa hacerlo después de haber gobernado durante cuatro años sin necesitarlo.
El acuerdo de julio ha cambiado esa fotografía.
Moreno necesitaba sus votos para ser investido y acabó aceptando su entrada en el Ejecutivo.
El precio político de la estabilidad ya está pagado.
Al menos el primer gran golpe de realidad.
Ahora toca evitar que la factura siga creciendo.Por eso el presidente autonómico parece haber instalado un termostato en el Gobierno .
Ni demasiado frío como para que Vox pueda decir que ha entrado en San Telmo para decorar los pasillos, ni demasiado caliente como para que cada discrepancia se convierta en una crisis de coalición.
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