Por primera vez en la historia, Rusia va a la caza de un satélite de otro país, usado por Ucrania
Un satélite militar ruso ha pasado semanas cazando a un satélite comercial occidental.
Primero igualó su órbita.
Luego se colocó detrás.
La madrugada del domingo 18 de octubre se le acercó a apenas unos cientos de metros , a unos 550 kilómetros de altura.
Como el tiburón de Spielberg rondando el barco, sin llegar a morder.
Su presa es un pequeño satélite radar de la empresa cuyas imágenes ayudan a Ucrania a apuntar contra objetivos rusos.
Las consecuencias pueden ser graves para nuestra seguridad.
Los ejércitos occidentales dependen cada vez más de satélites comerciales.
Rusia acaba de demostrar que puede plantar un satélite propio junto a uno de esos aparatos, sin pedir permiso.
Ninguna ley fija una distancia mínima entre satélites.
Si un día alguno deja de funcionar, demostrar quién lo ha apagado será muy difícil.
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El satélite despegó el 16 de abril desde Plesetsk, a bordo de un cohete Soyuz-2.1b, junto a otros cinco satélites militares.
Para los analistas occidentales es un satélite inspector , una nave capaz de acercarse a otras para examinarlas.
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