Suiza estudia el cerebro y descubre que los recuerdos olvidados son fantasmas que pueden persistir y recuperarse
Los recuerdos que creemos borrados podrían dejar una huella silenciosa capaz de reaparecer cuando el cerebro recibe las pistas adecuadas.
Un estudio publicado en Nature Neuroscience ha identificado en moscas de la fruta un mecanismo por el que una experiencia aparentemente olvidada permanece almacenada sin controlar el comportamiento, una especie de rastro oculto de la memoria que puede volver a activarse.
El hallazgo, realizado por investigadores del Friedrich Miescher Institute for Biomedical Research de Suiza, también revela un efecto inesperado: recuperar esos recuerdos puede favorecer la aparición de recuerdos falsos.
El equipo dirigido por Wenbin Yang, Benedetta Zattera y Miguel Pavão-Delgado recurrió a Drosophila melanogaster, uno de los organismos empleados habitualmente para estudiar los mecanismos del aprendizaje.
Los científicos enseñaron a las moscas a relacionar un olor determinado con una descarga eléctrica leve, de modo que los animales aprendieron a evitarlo.
Aproximadamente 24 horas después, aquella conducta desaparecía y parecía indicar que la asociación había sido olvidada.
Sin embargo, devolver a los insectos al escenario donde se produjo el aprendizaje cambió el resultado.
Una memoria que permanece en silencio La recuperación no dependía únicamente del olor.
Para que aquella experiencia volviera a condicionar el comportamiento era necesario reproducir elementos importantes del contexto original, entre ellos la textura y la iluminación del recinto.
Al registrar la actividad de los centros cerebrales relacionados con la memoria, los investigadores observaron que la señal neuronal responsable de provocar la evitación disminuía progresivamente.
Al mismo tiempo aparecía otra huella en neuronas que, por sí mismas, no tenían capacidad para modificar directamente la conducta.
Los autores denominan a este fenómeno "rastro silencioso de memoria".
Según su interpretación, el cerebro de la mosca no trasladaría simplemente el recuerdo desde unas neuronas hasta otras cuando comienza el olvido.
La experiencia generaría desde el principio dos representaciones: una capaz de dirigir inmediatamente el comportamiento y otra que permanece oculta.
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