La IA amenaza a los desarrolladores de videojuegos en plena consolidación del sector
La industria de los videojuegos atraviesa un momento dulce a lo largo del globo, habiendo pasado de los 131.000 millones de dólares en ingresos registrados en 2017 a superar los 200.000 millones a día de hoy, un crecimiento económico que también se aprecia a escala nacional.
España cuenta con unos 22,8 millones de jugadores, poco menos de la mitad de la población total del país, cuya actividad generó más de 2.292 millones de euros el año pasado según datos recogidos en el informe anual de la Asociación Española del Videojuego (AEVI).
A pesar del crecimiento, en los últimos cinco años el mercado ha sido testigo de cómo los números experimentaban cierta moderación, una tendencia que se puede entender como parte de la consolidación de los videojuegos como industria.
Los buenos datos del sector dependen menos de su capacidad para atraer nuevos jugadores, una vía que termina agotándose con el tiempo, y empiezan a estar relacionados con la capacidad de innovación de las empresas y la diversificación en el modelo de negocio.
Las compras crecen cada vez más en juegos ya consolidados, como Fortnite o GTA, con las suscripciones y compras integradas dentro de los títulos como los segmentos que en los que más aumentan los ingresos.El que hasta ahora parece un momento boyante para el videojuego tiene a la inteligencia artificial generativa como su principal amenaza , capaz de desestabilizar un sector que venía generando cada vez más oportunidades para sus profesionales.
Prescindir de esta herramienta no parece una opción viable a largo plazo, por lo que las compañías empiezan a plantearse cómo atajar de la mejor manera posible la falta de protección a la que están expuestos los productos generados con IA.Según la legislación española, para que un producto pueda gozar de derechos de autor este tiene que ser fruto de la creación de un humano.
En concreto, el artículo 5 de la Ley de Propiedad Intelectual considera como autor «a la persona natural que crea alguna obra literaria, artística o científica», una descripción que deja fuera los elementos que produce la inteligencia artificial.
Así, todo el trabajo que los profesionales hayan desarrollado a partir de peticiones a la IA podría ser copiado por una empresa de la competencia al no contar con protección legal. «Si quieres trabajar para empresas grandes, prácticamente estás obligado a aprender a usarla» Alejandro Vega Estudiante del Grado en Videojuegos«Si el activo de un estudio puede generarse en una tarde con herramientas de propósito general, su capacidad de generar caja y, por tanto su valor de mercado, se contrae», recoge el informe de AEVI.
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