¿Les cerramos el ‘insta’ y les damos un ‘piti’?
Uno de los aprendizajes más básicos de las revoluciones digitales es que no podemos explicar los fenómenos virtuales con metáforas del mundo tangible.
No sirven.
Cuando internet era sinónimo de piratería, algunos decían que descargarse una canción de Napster era como llevarse una barra de pan gratis y otros decían que era como si un panadero pudiera hacer infinitas copias de una barra.
Ni lo uno ni lo otro: sencillamente no funciona.
Pero muchos gobernantes, en su repentina y sospechosamente unánime cruzada contra los menores en redes, han vuelto a estas metáforas burdas para describir nuestra compleja inmersión en las plataformas digitales.
En el colmo de la hipérbole, Pedro Sánchez comparó el daño que sufren los críos al acceder a Instagram con un juguete que provoca asfixia por atragantamiento y —madre mía— con los quebrantos padecidos por una niña de 12 años que trabajaba 12 horas diarias en un telar hace más de un siglo.
Leerle esos brochazos en el Financial Times era como ver a tu padre hacerle sus chistes de padre al camarero...
Pero es que todos los padres del mundo lo hacen.
Keir Starmer, en uno de sus últimos intentos por frenar su sangría de popularidad como primer ministro, comparó las redes con el alcohol al proponer su británica versión de esta sacrosanta cruzada para vetar a los menores.
Y a la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, se le fue especialmente la pinza en su órdago local: “Si hoy tuviera hijos pequeños, preferiría que fumaran a dejarlos solos en las redes sociales”.
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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en elpais.com — el contenido pertenece a El País.