Melancolía del feudo andaluz del PSOE
Sánchez estrenó ayer sus actos de (pre)campaña junto a Marisú Montero en el Auditorio Los del Río de Dos Hermanas, mientras Feijóo elegía Madrid junto a una Ayuso zarandeada por el relato de 'con los desahuciados o con los aticazos'.
Dos Hermanas es todo un santuario sentimental para el PSOE.
Los asesinos vuelven al lugar del crimen y los ganadores al lugar de sus éxitos.
En 2023, Sánchez también arrancó allí acusando al PP de «un cambio de régimen» con Vox en ayuntamientos y comunidades, y le salió bien.
Logró retener el poder, eso sí, comprando siete votos a Junts con la amnistía.
Y Sánchez también inició allí el camino triunfal de las primarias en enero de 2017, cuando ya acuñó la política del muro contra los pactos con el PP, instituida con su «no es no».
Y hasta la polarización actual llegan las consecuencias.
Ahora prepara un Frente Popular con la extrema izquierda.Entonces el PSOE aún gobernaba en Andalucía, donde encadenaba más de treinta y cinco años hegemónicos en el poder.
Hoy Dos Hermanas es la mayor localidad andaluza donde gobiernan.
Para Sánchez es un talismán; para el socialismo andaluz todo ha ido mal desde entonces.
Hoy se ven de nuevo allí con la melancolía de los tiempos gloriosos enterrados bajo el sanchismo socialnacionalista.CampañaA pesar de todo, Pedro Sánchez apuesta por María Jesús Montero al frente de la campaña.
Ha causado perplejidad.
Desde luego, no será como premio a los éxitos de su campaña andaluza de mayo, que acabó con el peor resultado histórico del partido y el peor resultado del PSOE en la secuencia electoral de Extremadura, Aragón y Castilla y León.
Sacó un desastroso 22,7% en su viejo feudo.
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