Pensionistas, avisados estáis: los 3 hachazos de Feijóo y Abascal a tu bolsillo
Si cobras una pensión pública o está a las puertas del retiro laboral, es hora de hablar con absoluta claridad ante las elecciones generales del próximo 29 de noviembre.
Votar al Partido Popular o a la extrema derecha de Vox no es una simple opción ideológica: para cualquier jubilado o trabajador de renta media, significa votar directamente para vivir peor.
La bomba de relojería la acaba de activar abiertamente el portavoz económico de Vox, José María Figaredo, al calificar el sistema público de jubilaciones como "un zombi que han quebrado" y dejar abierta la puerta a la privatización.
No se trata de una frase desafortunada en plena precampaña, sino del auténtico ideario económico que la ultraderecha quiere imponer en un hipotético gobierno de coalición presidido por Feijóo.
El plan para desmantelar el modelo solidario de reparto y sustituirlo por la capitalización individual encierra una trampa letal para la mayoría social.
Quien acuda a las urnas el 29-N apoyando al bloque conservador debe ser plenamente consciente de la realidad: está depositando una papeleta para recortar sus ingresos, congelar sus prestaciones y entregar su vejez a la especulación bancaria.
El primer hachazo de un ejecutivo de PP y Vox sobre los más de nueve millones de pensionistas será la pérdida inmediata de poder adquisitivo.
La ultraderecha ya tilda de "insostenible" la revalorización de las pagas ligada por ley al IPC, el mismo mecanismo que ha protegido a los mayores durante las recientes olas inflacionarias.
El Partido Popular, por su parte, mantiene un historial imborrable: ha votado siempre en contra de blindar las subidas conforme al coste de la vida.
Si la inflación sube y la pensión no se actualiza al mismo ritmo, el resultado es puramente matemático: la cesta de la compra, la luz, el gas y los gastos cotidianos devoran la nómina del jubilado.
Romper el vínculo con el IPC implica que cada año los pensionistas sean más pobres que el anterior.
La propuesta conservadora ataca la línea de flotación de las familias, obligando a los mayores a hacer encajes de bolillos para llegar a fin de mes.
El segundo hachazo es todavía más grave cuando se analiza la situación de quienes perciben las pensiones mínimas o no contributivas.
Durante los gobiernos progresistas, las pagas más bajas han experimentado incrementos por encima de la media para corregir la brecha social y garantizar un suelo de dignidad a las carreras laborales más precarias o a las mujeres que dedicaron su vida a los cuidados.
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