Arturo Pérez-Reverte, el Mediterráneo te dirá quién eres
Nada define mejor a Arturo Pérez-Reverte , lo ha subrayado él mismo, que ser hijo del Mediterráneo.
Aunque el mar de Homero siempre estuvo en su literatura y no haya novela suya en que no aparezca , de Gibraltar a Estambul, con corsarios o espías surcando el Adriático veneciano o la costa argelina.Pero el caso es que la literatura última suya, desde 'El italiano', 'El problema final', hasta 'La isla de la mujer dormida', ocurren en el Mediterráneo de manera más acentuada.
Lo que 'La hipótesis más peligrosa' viene a decirnos, es que el mar que navegó Odiseo es más que un escenario: es el mundo que nos ha hecho.
Un mundo constituido por paisajes, por comidas, por costumbres, por olivos, viñedos y por historias de guerras de rapiña o dominio de sus países ribereños.
Pero sobre todo ello, por ser hijos de una mitología heroica y guerrera que comenzó en Grecia y Roma (Eneas surcó el mismo mar que Ulises), pero que las tres emparentadas religiones monoteístas que abolieron aquel mundo han continuado.Narrativa 'La hipótesis más peligrosa' Autor Arturo Pérez-Reverte Editorial Alfaguara Año 2026 Páginas 387 Precio 23 euros Valoración **** Junto al Mediterráneo como forma de vida y cultura común, 'La hipótesis más peligrosa' incorpora otro elemento crucial vinculado al género novela tanto como el viaje: la 'quête', la búsqueda.
El tesoro esta vez es la identidad.
Cumplir el designio que, también en el lugar Mediterráneo de Delfos, planteó el mandato más humano: el de conocerse a sí mismo , saber quién soy.
La novela de Pérez-Reverte pivota por la forma más elemental de búsqueda de identidad: la que tiene un hijo que no ha conocido a su padre, tampoco a su madre, quien murió al tenerlo.
El joven Cal Gadea, de dieciséis años, aprovecha el periodo de campamento veraniego en el que sus abuelos tutores le suponen para ir a ese lugar de la costa donde ha sabido que su desconocido padre tiene amarrado el barco y lo persigue hasta dar con el velero a motor Nostos, de cuarenta y seis pies de eslora.
Las relaciones entre padre e hijo son tensas desde el comienzo y no dejan de serlo hasta casi el final.
Sabiamente ha evitado Pérez-Reverte la sensiblería del encuentro .
Porque Asier Lerrant, que es el primer nombre que conoce del padre, está curtido, es duro, nada dado a ñoñerías y, sobre todo, no puede decir quién es y la causa de que la madre de Cal le abandonara.
La dualidad padre e hijo, rivales por momentos en reproches y silencios, sostiene buena parte de una navegación que el padre emprende hacia Cagliari, en Cerdeña, por encargo de contrabandistas.
Será en el viaje cuando el padre cuente al hijo las decenas de nombres que a lo largo de la historia ha tenido, cumpliendo la maldición que en el camino de Gólgota le hiciera el hijo de Dios de no poder saciar su sed.
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