Se venden vidas usadas
Hasta hace unos días un influencer era una criatura mitológica de nuestro tiempo, mitad escaparate, mitad vecino de confianza, aunque vivía en un ático con piscina y cobraba por recomendarnos la crema que, casualmente, acababa de descubrir.
Nos vendieron una cercanía –con filtro Valencia– y autenticidad que nosotros comprobábamos encantados.
Pero nada es para siempre, parece que el hechizo empieza a romperse.
No porque el sueño de Internet haya dejado de producir monstruos, sino porque empieza a cundir una sospecha bastante razonable: quizá no necesitábamos conocer el desayuno, la ruptura, la maternidad, el gimnasio y hasta el protector solar de alguien a quien no conocemos.
La paradoja tiene su gracia.
El influencer nació con la promesa de acabar con la impostura de los medios tradicionales y terminó profesionalizándola hasta convertirla en una pequeña industria.
La vida privada se hizo escaparate; el viaje, contenido; la opinión, mercancía, ningún acontecimiento parecía completo si no podía convertirse en reel.
Hasta el trauma encontró su tarifa de patrocinioY el público se ha cansado.
Es comprensible.
Empieza a resultar sospechosa esa unanimidad entusiasta que domina las redes: todos los restaurantes son maravillosos, todos los hoteles tienen una energía increíble y todos los discos son una locura.
Porque si la crítica exige distancia, la prescripción exige entusiasmo.
Y nadie quiere morder la mano que quizá mañana vuelva a invitarle a un viaje, a una presentación o a esa misteriosa cena en la que todo el mundo «lo pasa increíble».Lo curioso es que la salida más digna para los influencers puede estar precisamente donde empezó todo: en la gente que sabe hacer algo.
El pescador que cuenta su oficio, la aficionada al tenis que conoce el deporte, quien habla de parques de atracciones con verdadera pasión o quién se atreve a decir que un restaurante no merece la peregrinación.
Ahí hay algo que se parecía bastante a aquello que las redes prometieron al principio: personas con intereses reales, no vidas convertidas en escaparates.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.