Un testigo protegido emerge entre las piezas secretas del narcosubmarino de A Pobra
Este fin de semana se cumplió un año de la intervención, ya en tierra, en A Pobra do Caramiñal (La Coruña), de 3.650 kilos de cocaína que los investigadores están convencidos de que habían cruzado el Atlántico a bordo de un narcosubmarino que nunca llegó a ser localizado.
Doce meses después, una parte de la causa, en la que figuran 18 investigados, permanece bajo secreto para ellos y sus defensas.
Entre las actuaciones reservadas figura una especialmente llamativa: una pieza de testigo protegido.Así consta en un auto de la jueza de la plaza 1 del Tribunal de Instancia de Muros, al que ha tenido acceso ABC, que acuerda prorrogar durante un mes el secreto de media docena de piezas de la conocida policialmente como Operación Saona, entre ellas la correspondiente al testigo protegido.
La jueza recuerda que el secreto de las actuaciones debe ser «una medida de carácter excepcional», pero concluye que, «a la vista del estado de la instrucción, resulta necesario» mantenerlo.
Incide, además, en que los hechos investigados «revisten especial gravedad».Aquel 13 de septiembre de 2025, la Policía Nacional intervino el alijo nada más ser desembarcado en una playa de A Pobra.
Una parte de la mercancía le quedó atrás a los narcos durante una persecución de película; el resto fue localizado posteriormente por agentes de la Policía Local en una finca.
Además, tres individuos fueron vistos por policías municipales deambulando todavía con ropa de agua y un fuerte olor a salitre y combustible.
Según la investigación, eran los tripulantes del narcosubmarino, todos ellos sudamericanos, que habían quedado abandonados a su suerte por la organización y fueron detenidos.La pista de la DEALas pesquisas habían arrancado semanas antes.
Cuando, el 8 de septiembre de 2025, la DEA estadounidense alertó de que un narcosubmarino se dirigía hacia las rías gallegas y de que, con toda probabilidad, llegaría ese mismo mes, la Policía llevaba ya tres semanas siguiendo en tierra los movimientos de un grupo de supuestos traficantes gallegos.
El aviso estadounidense permitió a los investigadores atar cabos y concluir que aquellos a quienes vigilaban serían, con mucha probabilidad, los lancheros encargados de recibir el cargamento.La Policía llevaba tres semanas vigilando a los lancheros cuando la DEA alertó de la llegada del semisumergibleDurante aquellos días se sucedieron las detenciones, concentradas en la parte gallega de la organización, encargada de recibir la mercancía transportada en el semisumergible, con arrestos tanto en Barbanza como en O Salnés.
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