Intervenir en peleas infantiles, ¿sí o no?
Los conflictos, sí o sí, van a llegar antes o después en la vida de un hijo.
De hecho, en la infancia, son muy corrientes entre amigos y si no lo son, quizás deberíamos hasta preocuparnos.
Lo habitual es que discutan porque uno no quiere jugar a lo que propone el otro, porque se sienten excluidos, porque un amigo ha elegido jugar con otra persona, porque no se ponen de acuerdo con las normas del juego o porque uno siente que el otro «manda mucho».
También son frecuentes los malentendidos del tipo « no me ha elegido », «me ha dicho que ya no soy su amigo», «se ha sentado con otro» o lo que es peor, «¡no me ha invitado!».Para un adulto pueden parecer nimiedades, pero para un niño pueden ser un mundo y convertirse en situaciones que se viven con mucha intensidad.
Lo importante, aclara Sonia Martínez Lomas, psicóloga y fundadora de los centros Crece Bien, es entender que estos conflictos no significan necesariamente que la amistad sea mala. «Muchas veces forman parte del aprendizaje de tener amigos : aprender a negociar, a ceder, a esperar, a pedir perdón, a tolerar un no o a entender que el otro no siempre va a hacer lo que yo quiero».Pero, ¿qué ocurre cuando un niño llega a casa enfadado, llorando o diciendo que ya no quiere volver a ver a un amigo? ¿cómo deberían reaccionar los padres en ese primer momento? ¿Qué conviene hacer y qué sería mejor evitar? Lo primero, apunta Martínez Lomas, «es no abalanzarse en modo 'solución'.
Cuando un niño llega llorando o muy enfadado, lo que necesita en ese primer momento no suele ser un interrogatorio policial ni una lección, sino sentirse escuchado.
Podemos decirle que le vemos disgustado y que nos cuente cuando él o ella quieran.
Eso le ayudará a bajar un poco la intensidad emocional ».Lo que conviene evitar, advierte, es lo que suele ocurrir.
Se refiere esta psicóloga a el impulso, natural por otra parte, de reaccionar de forma impulsiva.
Ponerse a «llamar inmediatamente a la otra familia, escribir al grupo de WhatsApp de clase, decir ' ese niño es muy malo ' o decidir en ese momento que esa amistad se ha terminado.
Muchas veces los niños dicen 'no quiero verle nunca más' desde el enfado, pero al día siguiente están jugando juntos otra vez».
Ojo, aclara esta experta, que « validar no significa darle siempre la razón.
Esta idea es muy importante.
Podemos reconocer que nuestro hijo está dolido sin convertir automáticamente al otro niño en 'el malo', que es lo que nos pide el cuerpo.«Validar no significa darle siempre la razón.
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