Si no se dice, no ha ocurrido
Decía Parménides, y lo decía ya hace mucho, que no se piensa lo que no existe.
Nos dejó escrito el de Elea en su único poema (veinticinco siglos hace, ni más ni menos) que son dos las vías de la investigación: una que dice que es y no puede ser que no sea, y otra que dice que no es y es necesario que no sea.
La primera es la vía de la persuasión y de la verdad; la segunda hace imposible todo conocimiento, pues el no-ser no se puede jamás conocer al contrario de lo que es. –«Es» se puede pensar y enunciar; «no es» no se puede ni pensar ni enunciar–.
Palabra de Parménides.
Aquí y ahora, más de dos milenios y medio después, los ministros de este nuestro Gobierno de coalición coinciden en el atrevimiento de articular el quiasmo mediante el que invertir la formulación, convirtiéndolo además en principio rector de toda explicación debida a la ciudadanía: no existe lo que no se piensa.
Estaría, pues, más cerca su andamiaje ideológico del de un niño de 3 años, apenas dotado para el pensamiento abstracto y convencido de que si mira para otro lado desaparece lo que no ve (y lo que no le gusta), que de toda nuestra tradición clásica de pensamiento.
Por eso no hay sonrojo para la ministra de Sanidad cuando dice abiertamente que ella prefiere hablar de crisis humanitaria y no de invasión en lo referente a la vulneración de la frontera entre Ceuta y Marruecos por parte de miles de inmigrantes ilegales. «Así», añade, «la respuesta es humanitaria».
Y explica que, dependiendo de cómo se definen las cosas, el diagnóstico es uno y no otro y, por lo tanto, también el tratamiento.
No depende de cómo sean las cosas, entiéndanla, sino de cómo se definan.
De cómo se cuenten, en definitiva.
Porque lo que no se piensa, ya han enmendado a Parménides, no existe.
La verdad, el hecho objetivo, evaneciendo ante nuestras narices, dejando de existir: no hay evidencia de la implicación de Marruecos (Félix Bolaños, triministro de Justicia, Presidencia y Relaciones con las Cortes), no hay constancia de agresiones sexuales porque no hay llamadas relacionadas con la crisis migratoria al 016 (Ana Redondo, ministra de Igualdad), no existen informes previos de inteligencia que alertaran de la entrada masiva del 31 de julio (Fernando Grande-Marlaska), no hay incoherencia entre ministros cuando sostienen dos afirmaciones contrarias (Carlos Cuerpo).
Parménides, pobre, se estará revolviendo en su sepultura, allá donde quiera que esté.
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