Miedo
Con el anuncio de la convocatoria de los nuevos comicios se acercan semanas de apariencia convulsa.
Si hasta el rabo todo es toro, hasta noviembre todo será falta de decoro.
No habrá resquicio que no quede empañado de esa épica frentista que lleva años inundando todo.
Vienen días de odio recalentado, de medias verdades, de mentiras enteras, de culto al miedo.
Porque cuando la esperanza está bajo mínimos y no hay ilusión a la que recurrir, no queda otra que echar mano del terror.
Esa emoción primaria que nos convierte en discípulos de la desesperación, que hace que nos mengüe el cerebro y perdamos la facultad de razonar.
Si pegas el oído a la calle solo escuchas dos posturas en continuo choque.
El gran éxito de nuestra cochambre política es habernos metido en un juego binario y radical en el que actores de cada lado pregonan que el apocalipsis será la consecuencia posterior de la victoria del contrincante.
Hay personas que de verdad se han creído que de gobernar PP y Vox el 30 de noviembre se fusilarán al alba a todos los homosexuales de Madrid en Chueca, las mujeres dejarán de poder estudiar, perderán sus puestos de trabajo y se verán recluidas a las tareas del hogar.
Las que mantengan el hogar, claro, porque la mayoría serán desahuciadas por los fondos buitres y mandadas en patera hacia África con todos los inmigrantes ilegales.
De igual manera, tenemos enfrente a otro sector de la población que en idéntico delirio asegura que, además de haber un pucherazo electoral en marcha, de ser investido nuevamente Sánchez como presidente el Rey tendrá que marcharse forzosamente al exilio, Begoña Gómez irá paseando por el barrio de Salamanca señalando casas de lujo para proceder a su expropiación, Cataluña y el País Vasco se declararán naciones independientes y el islamismo se convertirá en la religión oficial del Estado.
Todas estas hipérboles, que aquí juntas suenan ridículas, están en la conversación pública y se presentan como argumentos sólidos.
Es sintomático de las altas cotas de radicalización que sufrimos que estas distopías hayan calado hasta el punto de convertirse en profecías que hacen que unos y otros feligreses del catastrofismo tiemblen con las certezas de que esos futuribles están a punto de suceder.
A mbos supuestos llegan de la mano a la misma conclusión: el triunfo de la diferencia le dará la puntilla a un sistema en el que ya no creen.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.