Vandalizar
En el muro de una calle cualquiera se puede leer: «Vandalitza en català!».
Lógico, si tenemos en cuenta que el nacionalismo catalán se ha comprometido a que la lengua «propia» de Cataluña se use en cualquier lugar.
Estamos ante otra exigencia de la inmersión y la normalización lingüística.
Una exigencia, la de vandalizar en catalán, que debería figurar, entre otras ocurrencias, en el Pacte Nacional per la Llengua.Me pregunto cómo no se le ha ocurrido al departamento de Política Lingüística de la Generalitat incluir el vandalismo en la ya dicha ley.
Quizá necesitaba el asesoramiento de los vándalos profesionales: los pintamuros, pintacontenedores, pintacristales.
Los que, en suma, ensucian la ciudad con sus ocurrencias y que dan muy mala imagen del país.
Aunque lo hagan en catalán.
Estos modos y métodos no casan bien en una sociedad que alardea de ser cívica y pacífica.
Y los servicios de limpieza salen caros.En su fuero interno, sin embargo, los envarados redactores del Pacte per la Llengua sueñan con otra cosa.
Es aquello del 'seny i la rauxa'.
Se ven spray en mano, en cuadrilla, al abrigo de miradas indiscretas, mezclando inspiración y adrenalina, henchidos de patriotismo y rabia, como pioneros de un nuevo arte: el de la pintada nacionalista de vanguardia, que consistiría en romper con la tradición estética de 2017, tener libertad expresiva fuera de argumentarios y consignas, provocar y despertar conciencias, desafiar al discurso dominante.Pero, tendrían que abrir el foco, respirar otros aires, rodearse de otras gentes.
Liberarse, en suma, del corsé que oprime su imaginación y voluntad.
Imposible.
Todo apunta que lo volverán a hacer.
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