El millonario negocio de la devoción religiosa en Bolivia
Los milagros en Bolivia no se compran, pero el dinero es la vía por la que se solicita o se agradece por uno. Los devotos son el motor principal de los 60 y 90 millones de dólares (70 y 103 millones de euros) que pueden llegar a generar las fiestas religiosas más importantes: la del Jesús del Gran Poder y la del Carnaval de Oruro , respectivamente. Miles de bailarines invierten hasta más de 1.000 dólares para participar en un desfile de danzas que rinde homenaje al Jesús del Gran Poder y la Virgen del Socavón , cimas del sincretismo religioso —ritualismo andino y creencia católica— que impera en el país sudamericano.
Minoika Crespo baila desde hace años en ambas fiestas, al menos 15 veces lo hizo en el Carnaval de Oruro. Dice que la devoción y el agradecimiento a los santos son fundamentales en su decisión de bailar, pero también su pasión por la danza. “Cuando la virgencita quiere que llegues a sus pies, de alguna forma llegas. Te llega el dinero”, cuenta. Los cuatro kilómetros que dura el recorrido de la entrada folclórica en Oruro —reconocida como patrimonio de la humanidad por la Unesco , al igual que la del Jesús del Gran Poder— concluyen en la basílica de la Virgen del Socavón. Algunos de los bailarines llegan arrodillados; todos se conmueven hasta las lágrimas. “Un año me invitaron a bailar y me fue muy bien en la prueba de ingreso. Un año antes tenía las ganas y el dinero, pero me lastimé la rodilla. Cuando la Virgen te pone muchos obstáculos es por algo”, cuenta Crespo. El gasto comienza desde la inscripción para las pruebas; el costo depende del tipo de baile, la antigüedad de la fraternidad o la posición a ocupar dentro del cuerpo de danza. La morenada, que es lo que baila Crespo, tiene un valor de 30 dólares. La milenaria danza es una satirización de la colonización española y se caracteriza por los pesados trajes y máscaras de los bailarines y por la ornamentación lujosa de las bailarinas.
Una vez aprobado el examen de ingreso, la cuota para la fraternidad —se cuentan por decenas— puede llegar a 170 dólares. A la hora de alquilar o comprar el traje, el rango de precios se amplía: los hay sencillos o de diseñadores de renombre que pueden cobrar 1.200 dólares. “Pueden participar hasta 10 personas en la elaboración de un traje. En los más exclusivos, en vez de lentejuelas, te ponen piedras preciosas”, precisa Crespo. Los participantes que quieren destacar suelen portar barriles de plata, mantas de vicuña, sombreros de fibra animal, maquillaje exuberante o joyas de oro hechas a mano.
El flujo monetario no acaba, sin embargo, en el desfile folclórico. Al Jesús del Gran Poder, por ejemplo, se le rinde pleitesía en fiestas populares durante todo el año. El alquiler de salones, la comida, las agrupaciones musicales, las bandas, el equipo de sonido y de amplificación y las misas son financiados por los llamados pasantes, personas o familias que pueden ser líderes o dueños de las fraternidades.
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