Este aparato digital lo ha cambiado todo (para bien) para impulsar mi creatividad
Existe un antes y un después en muchas aficiones , una auténtica epifanía que les llega a todas las personas para las que aplicar pintura forma parte de su ocio .
Ese momento definitorio llega el día en que pruebas por primera vez un aerógrafo y te preguntas dónde ha estado esa herramienta toda tu vida para, a continuación, llorar bajito ante la perspectiva de tener que usarlo el resto de tu vida.
Suena contradictorio, pero es que el aerógrafo tiene dos caras .
La primera y más luminosa es que eleva el nivel de tus obras muy por encima del que tenían antes.
Da igual si pintas figuras de acción, dioramas de la Segunda Guerra Mundial, aviones de combate, armaduras para cosplay, coches deportivos o minis para Warhammer.
Por muy malo que seas usándolo, el aerógrafo logra una calidad de acabado extraordinaria que es muy difícil de alcanzar con tan solo un pincel, a menos que seas un auténtico maestro.
La segunda cara de la moneda es que usar un aerógrafo es un auténtico incordio .
Para empezar, está el tema de la limpieza.
Mantenerlo limpio y lubricado es un ejercicio de devoción.
Pero por si esto no fuera suficiente, los aerógrafos van siempre unidos a un artefacto grande, ruidoso, incómodo de llevar y de usar, y que necesita de su propio y delicado mantenimiento .
Hablamos, cómo no, del compresor de aire , una auténtica bola con cadena de presidiario y el precio a pagar por la libertad de pintar con aerógrafo.
Pues bien, ese precio se acabó.
Hace cosa de un mes que ha caído en mis manos el Gaahleri TurboX Mini Air , un compresor compacto y sin tanque .
Digital y preciso Nadie diría que el Turbox Mini Air es un compresor.
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