Los vacíos de este Real Madrid no se rellenan con injusticias arbitrales
Hay un vacío en el centro del campo del Real Madrid . Apenas 20 metros cuadrados de césped entre Tchouaméni-Valverde y Arda Güler . Es como estar en el espacio: nadie puede oír los gritos. El primero que lo sabe es José Mourinho , quien asumió el reto de reconducir la situación merengue en un momento delicado de su exitosa carrera como técnico. Estuvo cerca de tener a Rodrigo Hernández , mejor jugador del Mundial 2026, en sus filas. Se escapó. La alternativa que manejaba la dirección deportiva a una operación cercana a los 70 millones de euros era... la nada. El vacío . Mou asintió. Qué remedio. No se han impreso suficientes tarjetas rojas que tapen ese panorama.
No es nuevo. Van tres temporadas consecutivas con el mismo problema estructural . No lo logró Carlo Ancelotti , no lo logró Xabi Alonso , no lo logró Álvaro Arbeloa y, de momento, no lo ha logrado Mou, el mejor y más leal de los soldados. Escasa culpa tiene el luso. Pon a los mejores, le dijeron, y los mejores del Real Madrid, le pese a quien le pese, dan para ser cuarto en LaLiga , con dos partidos ganados en los últimos minutos y habiendo perdido ante los dos equipos fuertes. Al otro lado de la orilla, un Barça al que le sale todo. Que se empeña en fichar delanteros con economía imaginativa y que, cuando fracasa en su intento, se inventa a un Raphinha con más colmillo y gol que todo el ataque madridista. El fútbol son rachas. Pero el Real Madrid no hizo los deberes y ahora paga las consecuencias.
En el Metropolitano se vio a un equipo falto de contenido , que perdió, en gran medida, por dos rojas —una discutible, otra injustificable—, pero que fue superado once contra once . En frente, un Atleti que tampoco vive un momento grandioso, siendo suaves. A 600 kilómetros, el Barça acariciaba un gatito mientras veía a sus dos grandes rivales en la disputa de LaLiga . No se ha acabado septiembre y ya parece que solo una autodestrucción blaugrana les haría perder el título. Mucho tendría que cambiar, pero la historia ya nos ha dado varios ejemplos.
A corto plazo, son pocas las opciones que tiene Mourinho . El estado de forma de Vinícius es un clamor y su cambio en el derbi es la primera puntada (ya sabemos qué pasó la temporada pasada) y se antoja extraño prescindir del talento organizativo de Bernardo Silva . Demasiada responsabilidad para un gran futbolista, pero que se le fichó como una oportunidad de mercado para ampliar plantilla. Los problemas del Real Madrid van más allá, son estructurales. La chapa y pintura es lo de menos.
Se ha normalizado la derrota y el arbitraje —pésimo nivel del colectivo español aparte— divide a la afición: cruzada contra los Negreira Boys o cruzada contra la falta de autocrítica. Tampoco ayuda que el caso Negreira no haya tenido ningún tipo de consecuencia más allá de la imagen institucional blaugrana . Hay un tercer grupo. El desencantado, el que ha tirado la toalla. Ya ni el fracaso arde de la misma manera. La distancia sideral que, cada día más, emerge entre la hinchada y la plantilla.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elconfidencial.com — el contenido pertenece a El Confidencial.