En el intento por salvar su industria, Alemania, Italia y Francia se han unido: "La prohibición de los motores de combustión ya es historia"
El conductor europeo saltará al coche eléctrico lo quiera o no.
Es algo que había decidido la propia Unión Europea con sus normativas de emisiones y las exigencias a los fabricantes.
Ahora, cuando llega el momento de la verdad, algunos de los países más importantes del continente tienen una idea muy distinta de lo que les conviene. ¿Qué ha pasado? Explican nuestros compañeros de Motorpasión que Alemania y Francia han llegado a un acuerdo para potenciar la producción europea de vehículos a cambio de relajar las normativas de emisiones que la Unión Europea ha impuesto a los fabricantes que quieren vender coches en nuestro mercado.
La noticia saltó después de que Friedrich Merz, canciller alemán, anunciara el acuerdo una vez terminó el Consejo Europeo del pasado viernes.
El máximo responsable alemán definió esta decisión como "histórico" aunque el desbloqueo en las normas atascadas que tienen que salir adelante en el Consejo de la Unión Europea y la Eurocámara sigue en el aire.
En Xataka La realidad del Salón de París: la estrella europea fue un Citroën 2 CV mientras BYD presentaba un coche que se recarga en 11 minutos ¿De dónde viene todo esto? A principios de esta década que estamos viviendo, la Unión Europea confirmó la agenda verde descarbonizadora que tenía por delante.
Después del Diéselgate se decidió que el continente debía dar pasos adelante para limpiar su industria, un camino que después de diversas decisiones apostaba por prohibir la venta de coches con motores de combustión a partir de 2035.
Tampoco ayudó saber que la industria alemana había estado reuniéndose en secreto para frenar avances en materia antiemisiones .
A principios de esta década, la decisión medioambiental se mantuvo pero en los últimos años ha ido tomando fuerza la idea de que se ha querido correr antes de andar.
En 2025, los fabricantes debían rendir cuentas y se enfrentaban a multas milmillonarias.
La idea era calcular las emisiones medias de la flota vendida y sancionar a las compañías con 95 euros por cada gramo de CO2 superado y coche vendido.
La barrera era 93,6 gr/km de CO2.
Es decir, si un fabricante vende en Europa un millón de coches y supera el máximo en 10 gramos, enfrentaría sanciones de 950 millones de euros.
Para hacernos una idea del impacto, el Grupo Volkswagen enfrentaba unas multas de 1.500 millones de euros .
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