Nuevos ricos y empobrecidos
No hay nada que le guste más a una familia de escasos hijos, padres universitarios, que responsabilizarse de sus retoños como proyecto, carpeta de 'Infancia y adolescencia'.
Nunca se les ha dedicado tanto tiempo a los retoños en parte, conviene recordar, porque las jornadas escolares se han ido reduciendo.
Cientos de libros sobre crianza, miles de horas conduciendo a extraescolares, dosis enormes de preocupación por su salud mental y su felicidad.
Por eso fue tan raro cuando en PISA dijeron que la caída en los resultados en matemáticas y en lectura de los niños con más recursos era más pronunciada.
Pero lo decía PISA y había que lanzar hipótesis.
Quizá la ayuda de la inteligencia artificial, porque parecía lógico que los niños de casas mejores supieran adiestrar a Claude con más criterio académico que en las barriadas más humildes.
Andreas Schleicher, el alemán Rottenmeier de PISA, vino a decirnos que habían detectado que los padres de ese segmento económico preguntaban menos que antaño a los niños por su día en el cole y la prueba había detectado mayor enganche a las pantallas.Y ahí debió de ser cuando Innovamat, Lucas Górtazar y Lucía Cobreros, de EsadePol, pensaran «un momento, un momento».
Pero si lo que vemos a diario son familias helicóptero que llevan agendas de ministros a sus hijos, mamis yoga de tomates cherry de 'snack' en el recreo que no dejan tocar una pantalla, ¿cómo es posible? Y se dieron cuenta de que la OCDE no estaba definiendo como 'rico' con los mismos parámetros que en la edición anterior.
Eran nuevos ricos. ¿Cómo va a ser lo mismo tener una biblioteca que un jacuzzi? Una cosa es el capital cultural y otro el económico.
Sigue habiendo familias que acumulan libros, visitas a los museos , conversaciones largas, lecturas de prensa, partidas de ajedrez y no necesariamente son las que tienen más dinero.
La cultura es barata.
Red de bibliotecas, museos gratuitos, música online ilimitada, conciertos y sesiones de títeres pagados por los ayuntamientos, filmotecas de arte y ensayo a suscripciones de diez euros al mes.
No suelen ser esos niños los de zapatillas de marcas, cochazos, vacaciones muy exóticas.
El fenómeno no es nuevo.
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