Los meteorólogos coinciden: el frío que ha llegado a finales de agosto no significa que el verano haya terminado
El brusco descenso de temperaturas a finales de agosto en España es un fenómeno habitual y no significa el fin del verano.
Expertos de AEMET y Meteored recuerdan que estas bajadas de temperatura suelen ocurrir en la segunda mitad de agosto, tras semanas de calor intenso.
Aunque el clima sea más fresco durante algunos días, todavía es posible que regresen episodios de calor intenso en septiembre.
Las previsiones señalan que la media de temperaturas en agosto, septiembre y octubre de 2026 tiene altas probabilidades de situarse en el tercil cálido respecto a años anteriores.
Pasar de soportar más de 40 ºC a necesitar una chaqueta por la mañana en cuestión de días puede dar la sensación de que el otoño se ha adelantado. Sin embargo , el brusco descenso de temperaturas que ha llegado a España durante la recta final de agosto no significa que el verano haya terminado.
Los meteorólogos coinciden en que este tipo de cambios pueden producirse durante la segunda mitad del mes. “Este temporal entra dentro de lo normal, lo que no era normal era lo que teníamos hasta ahora”, explica José Luis Camacho, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), a El País .
El contraste ha sido especialmente llamativo después de un verano marcado por el calor persistente. El 18 de agosto todavía se registraban 43 ºC en Andújar, 42,9 ºC en Ribadavia y 41,3 ºC en Jalance. Pocos días después, una masa de aire de origen ártico y el paso de diferentes perturbaciones hicieron caer los termómetros.
El episodio dejó temperaturas entre cinco y diez grados por debajo de los valores habituales en algunas zonas. El lunes 24 fue especialmente fresco: la temperatura media prevista para el conjunto de España era de unos 22 ºC, aproximadamente 3,5 grados inferior a la normal para esas fechas.
Pero esa caída no debe confundirse con un cambio permanente de estación. Camacho recuerda que el verano meteorológico comprende junio, julio y agosto y que, históricamente, a partir de mediados de agosto no era extraño que las perturbaciones atlánticas consiguieran alcanzar la Península.
Samuel Biener, climatólogo y meteorólogo de Meteored, apunta en la misma dirección hablando con El País. Este tipo de situaciones “entra relativamente dentro de lo normal a partir de la segunda quincena de agosto”. Popularmente, en algunas zonas se conoce como “la rompida de la canícula”: el momento en el que el calor más persistente comienza a sufrir interrupciones y las tormentas ganan terreno.
Que durante varios días las máximas sean suaves tampoco permite anticipar cómo será todo septiembre. Ángel Rivera, antiguo jefe de predicción y portavoz de AEMET, señala que pueden producirse “de 8 a 10 días con temperaturas suaves” , pero advierte de que eso no significa que septiembre no pueda volver a dejar calor intenso.
Hay precedentes bastante claros. Rivera recuerda septiembre de 2016, cuando España llegó a alcanzar 45 ºC. Un episodio semejante sería extraordinario para esas fechas, pero sirve para mostrar la enorme variabilidad que todavía puede existir cuando termina agosto.
Las previsiones de AEMET tampoco permiten dar por acabado el calor.
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