Hacia un mundo de tipos de interés más altos: los efectos en la inversión y el bolsillo
Los bonos reivindican estos días su papel protagonista en el universo financiero.
La Bolsa se mueve por factores tangibles como los resultados empresariales, pero también a menudo es presa de factores mucho más pasionales, como el temor o la codicia.
Los bonos, en cambio, reflejan con más sobriedad, y también más precisión, los puntos débiles y fuertes de las economías y las empresas.
Por eso, cuando sus precios caen con fuerza y se disparan las rentabilidades, toca cuadrarse.
Así lo hizo el Tesoro estadounidense hace unos días cuando anunció que duplica la recompra de bonos a más largo plazo para frenar el repunte de rentabilidad del bono a 30 años, que ha alcanzado máximos de dos décadas.
La mayor economía del mundo soporta un volumen de deuda ingente, que supera ya los 40 billones de dólares , y no puede permitirse que su coste de financiación se encarezca en exceso: el pago de intereses ya es enorme y hay que financiar un déficit elevado, que ronda el 6% y que no apunta a moderarse con las campañas bélicas de Donald Trump.
La intervención del Tesoro ha rebajado ligeramente la tensión, pero ha sido también el reconocimiento de esa vulnerabilidad, algo que los inversores ya tienen en su radar.
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