Un mes sin solución acerca Ceuta al enfrentamiento social: "Los moros se ríen de nosotros, ¡somos unos pringados!"
Un grupo de manifestantes prende fuego a las chabolas de los inmigrantes en la playa
Una extraña relación de amor y odio vincula estos días a los ceutíes más soliviantados por la crisis migratoria con la Policía Nacional que porfía para mantener el orden de una ciudad cada vez más levantisca.
Buena parte de los caballas , instintivos defensores de los cuerpos de seguridad, han llegado a la misma conclusión: la única forma de acabar con su pesadilla es acosar a los recién llegados hasta que decidan irse por su propio pie. Si eso incluye rodear sus asentamientos, quemar sus chabolas y boicotear el reparto diario de alimentos, parecen más que dispuestos a hacerlo.
Enfrente, en cambio, se encuentran con cientos de agentes de la Policía Nacional, a quienes se les ha encargado una misión endiablada. Sí, deben proteger la integridad de los recién llegados, pero sin incendiar aún más los ánimos de una ciudadanía quemada tras casi un mes de imposible convivencia. Y con la que, según admiten en privado los mandos del dispositivo, están más de acuerdo de lo que pueden mostrar vestidos de uniforme.
Este choque de intereses lleva a situaciones berlanguianas. Por ejemplo, que los mismos manifestantes que corean «¡Orgullosos de nuestra Policía!» hasta quedarse afónicos pasen, en cuestión de minutos, a estar a milímetros de liarse a palos con un grupo de agentes que les bloquea el paso con la mirada clavada en el asfalto.
Así ocurrió ayer, al caer la tarde, en la carretera que une el centro de la ciudad con la playa del Trampolín, donde se agolpan cientos de inmigrantes sin techo. Tras un frustrado intento de boicotear el trabajo de avituallamiento de la Cruz Roja con una sentada improvisada, una quincena de vecinos se saltó los controles policiales y prendió fuego a varias chabolas recién construidas en la arena, entre los aplausos de cientos de ciudadanos.
Hubo minutos de una extraña coreografía entre policías y manifestantes. Los antidisturbios amagaban con cargar, pero claramente era lo último que deseaban. Los vecinos tiraban mochilas y toallas a las improvisadas hogueras, pero miraban permanentemente hacia atrás, como pidiendo el beneplácito de los agentes policiales. «Ellos pueden hacer fogatas, pues nosotros también», justificaba uno de los jóvenes en un vídeo que difundió en redes sociales.
Así siguieron, envueltos en una espesa humareda grisácea, hasta que alguien dio la instrucción a los policías de que progresaran unos metros. Bastó ese pequeño gesto para que la avanzadilla regresara de inmediato al abrazo del grupo, que los recibió como héroes urbanos. «¡Invasores, expulsión! ¡Los caballas nunca se rinden! », coreaba la multitud, empleando el orgulloso calificativo con el que se identifican los moradores de la Ciudad Autónoma española.
Una pareja de treintañeros debatía la jugada justo después. «Mira cómo se ríen de nosotros los moros, ¡somos unos pringados!», decía el chico mientras señalaba la playa.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elmundo.es — el contenido pertenece a El Mundo.