Habéis conseguido que vayamos sin vosotras
Al final habéis conseguido que vayamos solos.
Ya no hace falta ni preguntar «con mujeres o sin mujeres» cuando con los amigos organizamos un encuentro o salimos a cenar o a tomar una copa.
Hay un sobreentendido.
Todos sabemos lo que queremos y lo que no queremos.
Queremos beber y comer -desde que El Bulli cerró, por este orden- y no sentimos un especial interés por acabar violentados, disgustados, humillados o en la cárcel.Os habéis vuelto incómodas, antipáticas, contrarias a los intereses de la Humanidad.
Yo salgo con Carmen, con Gemma, con mi hija y me lo paso muy bien.
También con mis dos Laias que a veces beben solas y me llaman para que vaya y no se dan cuenta que si no contesto es porque no puedo.Pero salvo estas contadas excepciones -sin tensión sexual no resuelta- siempre con hombres.
Amigos que no te dicen si comes demasiado ni te cuentan las copas, amigos con los que se puede decir todo y nadie se lo toma mal, amigos de propósito simple y partidarios de la alegría.Hombres que no nos hacen pasar por un infierno a cambio de un poco de felicidad en la Tierra, hombres que dicen siempre que sí cuando los convidas a las coctelerías, hombres que nunca llegan media hora tarde y si lo hacen es porque tienen un muy buen motivo.
Hombres que no hablan de desgracias, ni de enfermedades, que cuidan de tu tiempo como tú del suyo y son agradables y casi todas las frases se ven interrumpidas por carcajadas.Hombres, queridos amigos con los que nunca me he enfadado, que no se molestan cuando les hablas de otros amigos, que puedes contarles cualquier historia que en aquel momento se te ocurra con la guardia baja, sin pensar si va a contener alguna escena por la que puedas ser linchado como muy bien puede pasarte si se la cuentas a tu novia y ya no digamos a tu esposa.Os continuamos queriendo, os queremos de hecho más que nunca, y os echamos de menos.
Pero con vuestro mal humor, con la violencia pasiva que ejercéis cada vez que tardáis una incomprensible eternidad en salir de casa o de la habitación del hotel, sabiendo perfectamente la hora a la que hemos quedado para cenar, habéis conseguido que prefiramos ir sin vosotras.
No podemos empezar cada velada cabreados, violentados, irritados.
Luego es muy difícil levantar el ánimo para realmente poder disfrutar.
Se nos queda el cuerpo como encogido y un vacío en el estómago.
Sabíais desde la mañana la hora de la cena, teníais todo el día libre y simplemente no os ha dado la gana.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.