Los orígenes de la extrema derecha
La victoria electoral del Partido Alternativo para Alemania (AfD) en la región de Sajonia-Anhalt ha sembrado el pánico en toda la Europa democrática.
Este partido, al que se califica arbitrariamente de extrema derecha –una convención léxica que, en mi opinión, es cuestionable–, parece mostrar cierta simpatía por el pasado nazi de Alemania; algunos de sus miembros valoran a Adolf Hitler de forma positiva, evocan su éxito a la hora de reactivar la economía alemana y pasan por alto todo lo demás.
El hecho de que este partido surja en Alemania resucita, evidentemente, un pasado diabólico que la AfD no parece rechazar de forma absoluta.
Los comentaristas, sobre todo de izquierdas, de toda Europa, relacionan el surgimiento de este partido con movimientos en cierto modo comparables: en Francia, con Marine Le Pen; Matteo Salvini en Italia; en Gran Bretaña, con Nigel Farage; en España, con Vox; y en Hungría, con Viktor Orbán , entre otros.
Como era de esperar, la AfD cuenta con el apoyo de Donald Trump y JD Vance.¿Supone esta elección en Sajonia-Anhalt, el estado más pequeño de Alemania, que en su día formó parte de la Alemania Oriental, un rechazo masivo a la democracia liberal? ¿Anuncia los futuros éxitos de lo que Viktor Orbán denominaba «iliberalismo» y que, desde la izquierda, se prefiere calificar de forma simplista como fascismo, o incluso neonazismo? ¿Comparten todos estos partidos de extrema derecha una ideología común? No es evidente, ya que, por ejemplo, el Agrupamiento Nacional de Francia desea no tener ninguna relación con la AfD alemana debido a la simpatía que esta manifiesta hacia el pasado nazi.
Si tuviéramos que identificar un denominador común a todos estos partidos, habría uno: la hostilidad hacia la inmigración y, en particular, hacia la musulmana.
No hay inmigración en Sajonia-Anhalt , región que sufre la tasa de desempleo más alta de Alemania.
No hace falta que haya inmigrantes para mostrarse hostiles hacia ellos: el islam se ha convertido en el chivo expiatorio de la extrema derecha europea, al igual que lo fueron los judíos para los partidos fascistas en los años 30.
En la Alemania de 1933, los judíos no representaban ni el 1 por ciento de la población.
En Sajonia-Anhalt, los musulmanes están ausentes, pero el mito está presente.Sin embargo, considero que la demonización de estos partidos de extrema derecha sustituye, con demasiada rapidez, a un análisis serio: nadie escucha lo que los votantes de estos partidos quieren decirnos, quiénes son y qué les motiva.
Por mi parte, no creo ni por un instante que esta nueva extrema derecha desee el regreso del nazismo y del fascismo.
Estos votantes se benefician demasiado de la libertad de expresión y de voto que les otorga la democracia como para rechazarla.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.