La tentación plebiscitaria
Nada se parece más a un populista de extrema derecha que un populista de extrema izquierda.
Y viceversa.
Entre las muchas cosas que les unen –que son casi todas menos la ideología porque el populismo no es una idea sino un método, una técnica– está la proclividad a los referendos como expresión de una supuesta democracia directa.
Los populistas huyen de los mecanismos institucionales porque las leyes en los que están basados embridan a través de la razón jurídica sus soluciones de falsos profetas; la organicidad representativa incomoda con sus procedimientos reglados la impugnación del sistema.
La consulta popular, con su tramposa simpleza dialéctica, aparece así como el instrumento idóneo para saltarse unos procesos reformistas de naturaleza necesariamente compleja.
El 'brexit', monumental error de Cameron, fue sin duda el mayor éxito del populismo europeo contemporáneo.
Aquella campaña de propaganda embaucadora, reconocida por los demagogos que la agitaron, jamás habría pasado el filtro del veredicto parlamentario.
El resultado está a la vista: el sólido régimen bipartidista británico se ha descompuesto en apenas diez años.
Ahora es Marine Le Pen la que propone un plebiscito para cambiar la Constitución francesa –y meter en ella la 'prioridad nacional', ¿les suena de algo?– por un camino ajeno al actual ordenamiento republicano.
El que construyó De Gaulle, que no era precisamente un 'woke' desorejado… y que dejó el poder al salir derrotado en un referéndum de rango secundario.
Los constituyentes españoles del 78 se empeñaron a fondo en dejar la Carta Magna a salvo de bandazos políticos mediante el trámite de reforma agravada.
Gracias a esa previsión la estructura del Estado, incluidas la Corona y la descentralización autonómica, ha podido cumplir casi medio siglo intacta pese a las intentonas separatistas de alterarla.
Pero la agonía del sanchismo, su necesidad imperativa de sobreponerse a la existencia de una creciente mayoría social adversaria, amenaza con la tentación de una mutación constitucional forzada: abrir el melón del 'modelo plurinacional' como aliciente para recomponer su maltrecho bloque de alianzas.
La única forma de romper los candados consiste en apelar al sufragio directo, a la legitimidad de los votos populares.
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