De vuelta al Bidasoa
La reciente reunión en Madrid entre Emmanuel Macron y Pedro Sánchez no ha tenido ni el esplendor ni la repercusión de la cumbre entre Luis de Haro y Mazarino, entre Luis XIV y Felipe IV en 1660, en la isla de los Faisanes, en medio del Bidasoa, entre Irún y Hendaya.
En 1660, cabe recordar, Francia y España pusieron fin a la larga guerra que desde 1635 enfrentaba a los Borbones con los Habsburgo.
Desde entonces ha reinado la paz entre los dos vecinos, con la lamentable excepción de la incursión napoleónica.De la reunión entre Macron y Sánchez no salió nada, ni siquiera un vago tratado de amistad simbólico preparado por la izquierda y que, 'in extremis', fue rechazado por la oposición del Partido Popular.
Así pues, cabe preguntarse: ¿cuál pudo haber sido el contenido de la conversación entre el francés y el español? Probablemente nada.
Y, sin embargo, dado que ambos pretenden ser grandes amigos y se tutean, habría habido temas de conversación.
Para empezar, podrían haber comparado sus situaciones políticas, igual de malas: sin mayoría, gobiernan a duras penas, a la espera de las elecciones que los sustituyan a los dos. ¿Es grave? No tanto: en democracia es bastante habitual que los gobiernos no tengan mayoría.
En el fondo, la democracia consiste en lograr gobernar mediante coaliciones oportunas que alejen a los extremos y mantengan al país en el centro.
Más allá de su difícil situación política, dos temas importantes podrían haber ocupado la conversación.
Ambos se proclaman grandes europeos; sin embargo, ambos ponen a Europa en apuros.
En cuanto a Pedro Sánchez, cabe recordar que decidió por su cuenta la regularización de 500.000 inmigrantes indocumentados, sin ninguna consulta con el resto de Europa.
Y eso cuando es evidente que esta legalización masiva supone una llamada a que haya aún más inmigración, no solo en España, sino desde España hacia toda Europa, donde existe libre circulación.
La invasión de Ceuta, sin duda orquestada por el Gobierno marroquí , no ha hecho más que poner de relieve hasta qué punto la cuestión de la inmigración se ha convertido en un tema central en la Unión Europea y en un factor determinante en las decisiones de los votantes.
Es lamentable que esta obsesión por la inmigración ocupe tanto protagonismo, pero es un hecho: no debemos razonar solo en función de nuestros ideales, sino respetando la realidad y los deseos de la ciudadanía. ¿Habrán hablado Macron y Sánchez de la inmigración? Lo dudo. ¿Le habrá reprochado Macron a Sánchez haber tomado esta decisión sin consultar con los demás gobiernos europeos? Lo dudo.La posición del presidente francés no es más sólida, ni siquiera en materia de inmigración, sino aún más precaria en lo que respecta al futuro del euro y de la Unión Europea.
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