Las gotas de lluvia son como pequeños rayos que destrozan la carrocería de tu coche en menos tiempo del que crees
Las gotas de lluvia pueden dañar la pintura y favorecer la corrosión de la carrocería de un coche mediante un mecanismo eléctrico que hasta ahora había pasado inadvertido .
Un nuevo estudio dirigido por Zhongyuan Ni , Rüdiger Berger y Hans-Jürgen Butt , investigadores del Instituto Max Planck de Investigación de Polímeros de Maguncia, y publicado en Nature , demuestra que algunas gotas llegan a las superficies con suficiente carga como para perforar capas aislantes extremadamente finas .
El fenómeno convierte cada impacto en una diminuta descarga eléctrica capaz de abrir el camino al agua, las sales y el oxígeno.
Los resultados obligan a reconsiderar cómo se diseñan pinturas y revestimientos destinados a proteger metales expuestos a la intemperie.
Hasta ahora, la explicación habitual de la corrosión provocada por la lluvia se apoyaba principalmente en procesos químicos y mecánicos .
El agua transporta sales y otras sustancias, mientras que el impacto repetido de las gotas puede deteriorar progresivamente la capa protectora y dejar el metal expuesto al oxígeno.
Sin embargo, los investigadores han identificado un mecanismo adicional relacionado con la denominada electrificación por deslizamiento .
Cuando una gota se mueve sobre una superficie aislante, puede arrancar carga eléctrica del material y adquirir un potencial de varios miles de voltios antes de alcanzar otro objeto.
Para comprobar sus efectos, el equipo utilizó gotas de 35 microlitros , comparables en tamaño con gotas grandes de lluvia, a las que añadió una pequeña cantidad de sal para reproducir mejor las condiciones naturales.
Las gotas descendían por superficies inclinadas a 50 grados, recorrían aproximadamente cuatro centímetros y después caían unos cinco milímetros sobre una placa de cobre protegida mediante una película de teflón de apenas 60 nanómetros.
Dependiendo del material por el que habían resbalado previamente, podían acumular cargas comprendidas entre 0,2 y dos nanoculombios , suficientes para generar diferencias de potencial de varios miles de voltios.
Una descarga microscópica El resultado apareció después de repetir el proceso miles de veces .
Tras 3.000 impactos de gotas previamente cargadas, una cantidad que los científicos comparan con una tarde de lluvia moderada, el cobre situado debajo del teflón ya presentaba corrosión .
La microscopía de fuerza atómica mostró pequeños cráteres de varios nanómetros de profundidad que, en determinados puntos, atravesaban completamente la película protectora y alcanzaban el metal .
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