Las fuerzas contrapuestas que redefinen las finanzas mundiales
Por Mohamed A.
El-Erian, Project Syndicate.
SAN FRANCISCO- Dos tendencias de largo plazo marcarán el rumbo de las finanzas en los próximos años.
Una es de carácter descentralizado y responde a innovaciones tecnológicas transformadoras; la otra se da de arriba hacia abajo, por influencias geoeconómicas.
Para gestionarlas, las entidades financieras y sus reguladores deberán adaptarse mucho, algo que se complica debido a que ambas tendencias actúan en direcciones opuestas y el resultado aún no está claro.
Operando desde abajo hacia arriba, la IA, las cadenas de bloques y la tokenización tienen el potencial de agilizar y abaratar las transacciones financieras, mejorando la productividad de toda la economía; pero esa promesa conlleva peligros potenciales, como la ciberdelincuencia y el riesgo de sustituir puestos de trabajo con tecnología.
Si nos centramos en lo positivo, es fácil imaginar una arquitectura de pagos mucho más ágil y rentable en el próximo quinquenio.
A medida que disminuyan las fricciones operativas y las transacciones se vuelvan casi instantáneas, los sistemas heredados serán reemplazados cada vez más por otros basados en mejores tecnologías y productos más innovadores, y a medida que disminuyan los riesgos de contraparte, mejorará la eficiencia.
Esos nuevos instrumentos ocuparán un lugar destacado tanto en el sector público como en el privado, donde adoptarán la forma de nuevas monedas digitales de bancos centrales y de criptomonedas estables, respectivamente.
No solo mejorarán la eficiencia de las transacciones, también atraerán a una gama más amplia de instituciones financieras, que incluirá a las no bancarias.
Surgirá así un nuevo ecosistema al servicio de los inversores que utilizan la IA no solo para mejorar el análisis crediticio y la selección de valores, sino también para orientar la asignación de activos y la gestión de riesgos.
Sin embargo, este trascendental proceso de abajo hacia arriba no está exento de riesgos: la innovación tecnológica aporta eficiencia, pero puede contrarrestar ese aporte rápidamente generando nuevas vulnerabilidades que van desde facilitar ciberataques más sofisticados hasta introducir fragilidades operativas sistémicas.
Esto es especialmente cierto si las empresas y los reguladores no logran adaptarse ajustando sus procesos, incorporando la pericia necesaria y reforzando la gobernanza para seguir el ritmo que marcan las organizaciones nativas de la IA.
Estos desafíos operativos se verán multiplicados por fuerzas centralizadas de largo plazo, que ya están empujando a las finanzas hacia la fragmentación, aumentando las fricciones y las barreras internacionales.
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