En México, a los criminales no se les toca
En México hay acuerdos con el crimen organizado.
Lo sabe la ciudadanía, lo sabe el sector privado, lo sabe Estados Unidos y lo sabe el gobierno, que nos miente todos los días intentando ocultarlo.
Todo el mundo lo sabe.
En México, durante el gobierno actual, el anterior y, por lo menos, los últimos siete sexenios, se ha pactado, en mayor o menor medida, con organizaciones criminales: por miedo, por dinero, por la amenaza del “plomo”, por ganar territorio o por temor a perder la integridad física.
Pero, cualquiera que haya sido la razón, hemos tenido gobernantes e instituciones cómplices de los cárteles de la droga y facilitadores de sus actividades.
De otra manera, no se explica cómo el Cártel de Sinaloa ha logrado tener presencia en más de 50 países y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en más de 40 .
Grupo Bimbo, la empresa mexicana con mayor presencia en el mundo, opera en 30 países.
Una expansión criminal de semejante magnitud solo puede explicarse por la facilitación y complicidad desde los más altos niveles de gobierno.
Es imposible que el gobierno no se entere, que desconozca cómo opera el crimen organizado, cómo recluta y cómo ha convertido a México en una fosa clandestina.
Nuestro país vive una tragedia sin precedentes.
Esta semana, gracias al aviso del colectivo de búsqueda de personas desaparecidas Familias Unidas por Nayarit, se localizó un campo de exterminio en el municipio de Xalisco, Nayarit .
En el predio se han encontrado, hasta ahora, indicios de cuerpos calcinados de niños, hombres y mujeres.
No es el primer hallazgo de esta naturaleza y, tristemente, tampoco será el último.
El reclutamiento forzado y las desapariciones de nuestra niñez son una realidad frente a la cual México carece de una estrategia efectiva de prevención y sanción.
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