NosotrAs: Y la guardia que nunca termina
Ser mamá y ser veterinaria es vivir con dos estetoscopios puestos todo el día.
Uno para mis pacientes y otro invisible para mis hijas.
Cuando me convertí en mamá entendí que la profesión que tanto amo no está diseñada para nosotras.
La veterinaria no para.
Una cesárea de emergencia a las dos de la mañana, un paciente hospitalizado que no puede quedarse solo, una familia que llora porque su compañero se está yendo.
Y en casa, dos niñas que también lloran, que también me necesitan y que no entienden de guardias.
Nos enseñaron a cuidar, a cuidar los animales, a los clientes, a nuestra familia.
Pero nadie nos enseñó a cuidarnos a nosotras.
La culpa es doble: culpa si me quedo en la clínica, culpa si me voy temprano para alcanzar el festival escolar.
Es esa culpa que solo conocemos las mujeres que trabajamos y maternamos al mismo tiempo.
En este gremio todavía se escucha que si eres mamá ya no vas a poder con la cirugía, con las desveladas, con la fuerza que se necesita para manejar a un perro grande.
Yo tuve que demostrar lo contrario, contestando las tareas entre consultas y corriendo al pediatra entre pacientes.
No lo cuento para romantizarlo.
El doble esfuerzo no debería ser una medalla, lo cuento porque somos muchas.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en vanguardia.com.mx — el contenido pertenece a Vanguardia (Coahuila).