La guerra por la narrativa
No se trata de una disputa, de una lucha convencional del gobierno y su presidenta por el control de la narrativa, lo que mueve dos asuntos que convergen en lo mismo: regular el derecho de las audiencias y la presentación de la lista de los enemigos del régimen.
La razón que subyace en ambos asuntos es dirimir la narrativa en términos bélicos.
No es una disputa convencional.
De hecho, todo gobierno se empeña en prevalecer en su visión del pasado, presente y porvenir; en términos bélicos porque las autoridades plantean el exterminio; eliminar al enemigo o llevarle a la rendición.
Regular las audiencias concede al gobierno la potestad no sólo para imponer su verdad, sino para sancionar al disidente a manera de disuadir toda forma de resistencia.
La autoridad se arroga la condición de última instancia, en términos prácticos, la única, como en materia electoral; el antes es irrelevante; define y manda quien tiene la última palabra.
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