Agua: el nuevo factor de competitividad para México
Durante años, hablar de agua en México se redujo a sequías, presas vacías y problemas de abasto, que desde luego sigue siendo un problema al que hay que estar atentos, pero también el agua puede convertirse en un factor de competitividad, inversión, comercio y negociación bilateral con Estados Unidos, difícil pero no imposible.
Y es que, dado el panorama actual, México está llegando con una presión adicional: tenemos compromisos pendientes de entrega de agua a nuestro vecino del norte, que ya ha generado discusiones.
Ahí, por eso es interesante, revisar el estudio Perspectivas de las aguas transfronterizas México-Estados Unidos: Orientaciones hacia la seguridad hídrica, elaborado por Fernando J.
González, Eduardo Vázquez y Jorge Alberto Arriaga, que pone números y escenarios a un problema que ya dejó de ser exclusivamente ambiental.
El documento fue impulsado por la Red del Agua UNAM, el Centro Regional de Seguridad Hídrica, bajo los auspicios de la UNESCO y Agua Capital, y reunió a 20 especialistas de gobierno, academia, sector agropecuario y organismos relacionados con la gestión binacional.
Agua Capital, el Fondo de Agua de la Ciudad de México, tiene como presidente del Consejo Directivo a Juan Pablo del Valle Perochena y como director ejecutivo a Eduardo Vázquez Herrera.
Su objetivo es contribuir a la seguridad hídrica mediante conocimiento, ciencia, innovación y articulación de actores.
Para la economía mexicana, el estudio es relevante, ya que no hay que olvidar que las cuencas del Río Bravo, Río Colorado y Río Tijuana sostienen ciudades, agricultura, industria y comercio a ambos lados de la frontera.
En el Río Bravo, el estudio señala una pérdida de 83 por ciento del caudal natural y que 30 por ciento del agua recibida no tiene un tratamiento adecuado.
Es decir, no solamente hay menos agua: también existe una infraestructura que no permite aprovecharla eficientemente y eso es, sin duda, un problema económico.
México puede anunciar parques industriales, plantas automotrices, proyectos de electromovilidad, centros logísticos o nuevas inversiones derivadas del nearshoring, pero todas esas actividades necesitan agua.
La disponibilidad hídrica comienza a formar parte de la ecuación que decide dónde invertir o no hacerlo.
Sin duda, el agua puede convertirse en una ventaja competitiva para los estados que logren garantizarla.
Por eso resulta relevante la advertencia de Eduardo Vázquez Herrera: el problema no es solamente cuánto agua hay, sino que existen pocos proyectos técnica y financieramente estructurados para aumentar la disponibilidad mediante reúso y economía circular.
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