Responsabilidad eterna
La misma presidenta Claudia Sheinbaum puso la vara: “los cargos son pasajeros, pero la responsabilidad ante la nación es eterna”.
Si la mandataria insta a los servidores públicos a entender eso es porque ella, de seguro, lo comprende.
Por lo mismo, sabe cuán importante es dar los pasos necesarios ante quienes, por intereses, ambiciones o miedos personales, lastiman la autoridad y la investidura presidencial, justo cuando el poderoso vecino del norte busca debilitarlas para imponer sus designios.
En los últimos quince días, la jefa del Ejecutivo ha recibido agravios de cuadros no opositores, sino supuestamente afines.
Sin consultarla y ni siquiera prevenirla, un exdirigente, un gobernador y un senador morenistas emprendieron acciones, conscientes del probable daño que provocarían a la figura presidencial, así como del agravante que añadirían a la ya de por sí complicada –por no decir, peligrosa– relación México-Estados Unidos.
Acciones temerarias en las cuales, por lo demás, expresaron de manera abierta o encubierta respeto por el expresidente López Obrador, pero no por ella.
Por eso, el tweet de la presidenta Sheinbaum del sábado pasado es significativo: califica de pasajero el cargo y de eterna la responsabilidad.
Ella lo dice y a ella también aplica.
Ahí radica la relevancia de actuar a fondo; de resolver los desafíos, no sólo de sortearlos; de ir hasta donde hay que llegar; de asumir una actitud proactiva, no reactiva; y de poner en claro una cuestión fundamental: en Palacio Nacional sólo cabe una autoridad y ahí está el bastón… y el mando.
La urgencia de esa actuación corresponde no a la política ficción, sino a la política real. ...
Sin especular si Andrés Manuel López Obrador es un maestro titiritero capaz de mover marionetas invisibilizando los hilos del encordaje, lo evidente es obvio.
Tal es el poder de Morena que ahora reviste un carácter multipolar y, sin la presencia manifiesta del liderazgo que aglutinaba y disciplinaba a los integrantes de esa fuerza, por múltiples motivos, incluyendo presuntos delitos, un buen número de mandos y cuadros se siente en condición de actuar por la libre, sin reconocer en la titular de la Presidencia de la República a la máxima autoridad política.
Esa circunstancia algo tiene de paradójica.
El cuatroteísmo restauró el presidencialismo exacerbado hacia afuera, pero no hacia adentro de su esfera de poder y, a sabiendas que la sombra y la influencia de aquel liderazgo no bastarían para conducir al partido, Morena no se ocupó de establecer y asegurar los mecanismos de gobierno y entendimiento a su interior, como tampoco la mandataria se encargó de definir sin ambigüedad su relación con el movimiento.
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