Mirador 26/08/2026
No creo en los milagros, y sin embargo todos los días veo uno, pues cada nuevo día es un milagro.
Otro acaba de suceder en mi jardín.
Hace tiempo nació ahí un arbolito.
Nadie lo plantó.
Sin convocatoria ni invitación alguna salió solo.
La tierra, el sol y el agua hicieron su trabajo, y el pequeño árbol se convirtió en joven duraznero.
Tengo el gusto de anunciar al mundo que este año ensayó.
Eso quiero decir que dio sus primeros frutos.
Ahora tengo sobre mi mesa un canastillo de duraznos que gustosamente pintaría Cézanne.
Su aroma es delicado, aterciopelada su piel y tenue su color.
Cada uno posee redondeces de mujer.
No los he probado.
Aún no están maduros.
Los cosechamos porque empezaban a caer del árbol.
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