El Torbellino
Siempre que voy a Veracruz les pido a mis anfitriones que me hospeden en el hotel de mayor tradición en la ciudad: el Diligencias.
Es fama que en una de sus habitaciones compuso Agustín Lara su inmortal canción “Veracruz”: “Yo nací con la luna de plata, / y nací con alma de pirata...”.
Ya me conocen bien en ese hotel, y me dan siempre un cuarto con vista a los portales y la plaza.
Por la noche, antes de conciliar el sueño, escucho la música de las marimbas con voz de mujer, y oigo sonar las horas en el reloj acompasado de la Catedral.
Esta mañana he salido a caminar.
Mi conferencia es por la noche, y tengo todo el día para mí.
Voy por las calles del centro.
Los aparadores de las tiendas de ropa están llenos de vestidos espectaculares.
Son de luciente seda casi todos, en colores brillantes: rojo fuego, azul ultramarino, fucsia –aquí decimos “fiucha”–, amarillo chillón, verde esmeralda...
Todos están bordados con hilos de oro y plata, con lentejuelas o chaquira, y llevan aplicaciones de plumas, piel o encajes.
También se exhiben accesorios: boas para enredarse al cuello; guantes que cubren todo el brazo; bolsas hechas con exóticos materiales; abanicos pintados a mano que parecen pintados a pie, y mil y mil reconditeces sugestivas: medias de malla; eróticos ligueros y ligas con un adorno de rosa o corazón; brevísimas pantaletitas que por delante cubren poco y por atrás absolutamente nada...
Son los atuendos que lucirán en el Carnaval las drag queens , hombres que gustan de vestir como mujeres.
De todas partes llegan, atraídos por la sonriente liberalidad de la fiesta mayor de Veracruz, y con ellos –o ellas– las tiendas hacen su agosto en febrero.
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