Guerras cínicas
Vivimos un punto de quiebre rumbo a una nueva etapa de la decadencia humana que se expande poco a poco, como mar adentro, conforme avanza este siglo XXI.
A partir de la revolución tecnológica del internet primero, y después de la Inteligencia Artificial, nos dirigimos a parajes desconocidos.
Da la apariencia de que los “líderes” mundiales no saben qué hacer con tanto en sus manos, aunque todos sus objetivos se reducen, al final de cuentas, a lo que todos han buscado en los precedentes 20 siglos (y antes): poder, riqueza y destrucción.
Son anhelos inherentes del ser humano, y al parecer no hay nada que hacer; herramientas que evolucionan permiten concentrar más, destruir mejor y expandirse peligrosamente.
Algunos gobernantes siguen asumiendo que tienen derecho a atacar o a invadir territorios ajenos, pese a la existencia de múltiples tratados internacionales firmados, donde se asume que la soberanía es casi un mandamiento bíblico.
No obstante, la avaricia humana, en lugar de atenuarse, se ha exacerbado hacia dimensiones insensatas.
Uno hubiera imaginado que la humanidad, después de tanto camino recorrido y mucha tecnología y sofisticación, prosperara casi hasta llegar a un mundo de bien.
Que el conocimiento creado y accesible para prácticamente todas las sociedades nos hubiera llenado de sabiduría, donde lo material fuera secundario, poco valioso, mientras que los valores una rutina inalienable y prioritaria.
Pero ahora, las inteligencias tecnológicas nos están idiotizando, insensibilizando y eliminando la capacidad de discernir.
Pareciera que estamos más cerca de crear sociedades zombis que libres y solidarias.
Hay tres “líderes” que destacan en estos momentos y que se entretienen haciendo guerras en nombre del poder y del dinero.
Entre paradojas, argumentan atacar, expandirse e incluso, cínicamente, lograr la paz: Vladímir Putin, Donald Trump y Benjamín Netanyahu están buscando acomodar su predominio a costa de mucha destrucción.
El primero en Ucrania con tentáculos hacia el resto de Europa, y los otros dos en Oriente Medio.
No obstante, hay otros gobiernos a quienes les gusta patrocinar terroristas, como los de Irán y Afganistán, para expandir su influencia a costa de recursos bélicos entre sótanos clandestinos, escudos humanos, fanatismo y mucha muerte de inocentes.
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