Qué relación encontró la ciencia entre las gaseosas y las bebidas azucaradas con la salud hepática
Las gaseosas y otras bebidas azucaradas suelen integrarse a comidas, meriendas y momentos de descanso por su disponibilidad y sabor.
Sin embargo, aportan azúcares libres en forma líquida , un formato que puede sumar energía a la alimentación sin producir la misma saciedad que los alimentos sólidos.
La Organización Mundial de la Salud señala que el exceso se vincula con aumento de peso no saludable, sobrepeso, obesidad y caries dentales .
También indica que los azúcares libres representen menos del 10% de la energía diaria total y plantea que una reducción por debajo del 5% puede aportar beneficios adicionales.
El debate sobre estas bebidas no se limita, entonces, al peso corporal o a la salud dental.
De acuerdo con la ciencia, el consumo diario de bebidas azucaradas se asoció con mayores tasas de cáncer de hígado y de muerte por enfermedad hepática .
La gaseosa y los riesgos en la salud hepática Un estudio publicado en JAMA analizó a 98.786 mujeres posmenopáusicas de entre 50 y 79 años que participaron en la Iniciativa para la Salud de la Mujer en Estados Unidos.
La investigación siguió a las participantes durante una mediana de 20,9 años y comparó distintos niveles de consumo de refrescos regulares y bebidas de frutas con azúcar añadida.
Según los resultados, las mujeres que declararon tomar una o más porciones diarias de bebidas azucaradas tuvieron una tasa de cáncer de hígado de 18 casos por cada 100.000 personas-año , frente a 10,3 en quienes consumían tres o menos porciones por mes.
Tras contemplar variables demográficas, de estilo de vida y de salud, la asociación se tradujo en una razón de riesgo de 1,85.
La investigación también encontró diferencias en la mortalidad por enfermedad hepática crónica .
En el grupo con una o más bebidas azucaradas diarias, la tasa fue de 17,7 muertes por cada 100.000 personas-año , mientras que entre quienes tomaban hasta tres porciones mensuales fue de 7,1.
La enfermedad hepática crónica incluyó enfermedad hepática grasa no alcohólica, fibrosis, cirrosis, hepatitis crónica y enfermedad hepática alcohólica.
La explicación posible se relaciona con el procesamiento metabólico del azúcar.
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