Púlpito, confesionario y silencio: la orden de 1811 para combatir la insurgencia en Saltillo
Las armas matan.
Intimidan.
Obligan.
Pero ningún poder se sostiene únicamente con pólvora.
También necesita controlar los relatos, los símbolos, las palabras que pasan de boca en boca y las ideas que encuentran dónde arraigarse.
Porque la inconformidad, cuando se contagia de lo personal a lo comunitario, puede convertirse en algo bastante más peligroso que un fusil.
En Saltillo, hace más de dos siglos, durante la guerra de Independencia, alguien lo entendió muy bien.
El 30 de mayo de 1811, cuando los principales caudillos insurgentes ya habían sido capturados, desde Monterrey fue expedida una orden dirigida a los curas párrocos, ministros de doctrina y demás eclesiásticos del obispado.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en vanguardia.com.mx — el contenido pertenece a Vanguardia (Coahuila).