Los estragos de la ineptitud en el Festival Cervantino, por Lázaro Azar
A Gabriela Juárez Correa, la mejor directora sin nombramiento que ha tenido el Cervantino.
Hoy culmina la quincuagésimo cuarta edición del Cervantino.
Aquél magno festival que fuera nuestro máximo referente internacional.
Lamentablemente, el daño infligido por el paso de Fraustita y marianita fue mayúsculo, y resarcirlo, va a ser tarea de titanes.
Cual Atila a su paso, la Cofradía del huipil se esmeró en desmantelar aquel magnífico escaparate para regodearse en su limitada visión localista.
Como tantas veces se ha dicho, aceptar un cargo para el cual no se está capacitado es un acto de corrupción; y si eso es penoso, más vergonzoso resulta ver perdidas la experiencia y el oficio acumulados.
Aquel engranaje gracias al cual, fluían las cosas...
Las redes, que suelen ser tan veraces como tendenciosas, nos han brindado noticias muy distintas de aquellas con las que nos saturan los boletines oficiales, cuyo tono triunfal resulta tan cuestionable como las “opiniones” de influencers que más tardan en abrir la boca… que en patentizar su falta de referentes.
Alertándome sobre cómo estaban las cosas, recibí la publicación de una persona a quien no conozco, Alex Ramblas, quien además de coincidir en algo que he escrito reiteradamente –que el festival agoniza y ya no es ni la sombra de lo que fue-, señalaba que “tras su primer fin de semana, eventos con poca asistencia, hoteles rondando apenas el 50% de ocupación y comerciantes que reportan caídas de hasta 30% en ventas; restauranteros también reconocen un consumo debajo de lo esperado.
Incluso, se ha documentado la movilización de personas en camiones desde otros municipios para intentar llenar recintos…” Si aquellas cifras eran alarmantes, más lo era el video que ilustraba tal publicación, mostrando al coordinador del festival, Romain Greco, supervisando un evento "que no está logrando convocar a su propia fiesta".
Su cierre, no podía ser más lapidario: "cuando hay que buscar (con urgencia) público para llenar las butacas, la crisis está sentada en primera fila".
Podría haberme quedado con esa imagen, de no ser porque la Secretaria de Cultura, Claudia Curiel, me preguntó hace unos meses cómo veía al Cervantino y, a mi vez, le respondí preguntándole si todavía existía, pues llevaba ocho años vetado y las noticias que tenía no podían ser más lamentables.
Sorprendida, prometió invitarme.
Cumplió.
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