IA vs. factureras
La IA llegó para quedarse, pero ¿qué lugar queremos darle en la toma de decisiones? ¿Queremos verla como una herramienta de apoyo para gobiernos y jueces o estamos dispuestos a que desplace el criterio humano? La diferencia entre ambos escenarios será cada vez más importante conforme estas herramientas se incorporen a las funciones del Estado y su uso tenga consecuencias concretas.
La pregunta alcanza ámbitos tan complejos como el militar y tan cotidianos como el pago de impuestos.
Uno de los ejemplos más cercanos para las empresas mexicanas está en la fiscalización.
El SAT cuenta con una herramienta impulsada por inteligencia artificial capaz de analizar millones de relaciones entre contribuyentes para identificar redes y patrones vinculados con empresas factureras.
El sistema permite encontrar conexiones que antes eran difíciles de advertir y utilizarlas para orientar los procesos de auditoría y fiscalización.
Su uso promete una recaudación más eficiente y una mayor capacidad para detectar operaciones simuladas.
Al mismo tiempo, obliga a cuestionar las implicaciones de que un algoritmo vigile y califique las relaciones entre empresas.
La herramienta, denominada Modelo de Grafos contra factureras, parte de una idea relativamente sencilla.
Cada contribuyente es un punto y las operaciones que realiza forman conexiones con otros puntos.
El resultado es una enorme red que permite mapear relaciones directas e indirectas entre empresas e identificar comunidades, ciclos y rutas que pueden revelar esquemas de operación coordinada.
Para ello, el modelo incorpora información sobre contribuyentes relacionados con operaciones presuntamente inexistentes.
Las ventajas de una herramienta así son claras.
El análisis automatizado permite procesar una cantidad de información que difícilmente podría revisar un equipo humano y dirigir los recursos de fiscalización con mayor precisión hacia operaciones con alto nivel de riesgo.
Así, la IA aumenta las posibilidades de detectar agujas en pajares.
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