La dialéctica antes de Hegel
Como ya hemos visto Johann Gottlieb Fichte llama No-Yo a todo aquello que se presenta como diferente del sujeto y lo obliga a detenerse o a corregir su acción.
Puede ser un objeto, un cuerpo que duele, una norma o la voluntad de otra persona.
El Yo se afirma y, al mismo tiempo, descubre algo que no es él.
La conciencia no surge en el vacío, sino en el encuentro con un límite.
Ahí se encuentra el núcleo de la dialéctica fichteana.
No se trata de una fórmula mecánica de “tesis, antítesis y síntesis”.
Fichte intenta describir un proceso: primero hay una actividad; después aparece una resistencia; finalmente se establece una relación, siempre provisional , entre quien actúa y aquello que se le opone.
Un Yo completamente ilimitado no podría saber que es un Yo.
Solo cuando encuentra una resistencia puede distinguir entre esto y aquello, entre lo que hace y lo que se le presenta.
El sujeto no existe primero como una esencia terminada y luego sale al mundo.
Se va constituyendo en el acto de encontrarse con lo que lo limita Esta idea distingue a Fichte de dos posiciones aparentemente más sencillas.
Por un lado, no sostiene que el sujeto invente el mundo a su antojo.
Eso sería un idealismo ingenuo.
Por otro, tampoco afirma que el mundo llegue ya completamente formado desde fuera, sin que la actividad del sujeto tenga ningún papel.
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