Tacos envenenados: “peligroso” manjar de Zacatecas
Zacatecas.— Su nombre suena a un peligro inminente que ningún comensal se atrevería a correr, pero el taco envenenado está lejos de hacer honor a su título; resulta ser una trampa para el paladar, porque al probarlo es todo un manjar por su textura crujiente al estar bien doradito, y por la explosión de sabores gracias a una mezcla de frijoles, papa, chorizo y diversos condimentos que lo han convertido en uno de los platillos típicos y entrañables del estado.
Mientras la leyenda urbana que hoy cuentan los guías turísticos en los recorridos que se realizan en La Mina del Edén hace referencia a que el peculiar apodo nació porque los mineros comían con las manos sucias de metal y terminaban intoxicados, para Jesús García Pinales —quien conoció este platillo desde los ocho años y, ahora, es integrante de una de las dos familias que tienen más de 50 años dedicados a la venta de tacos envenenados— ese mote tiene que ver más con el sabor picante, que era extremo en sus inicios.
“Yo pienso que lo ‘envenenado’ surgió precisamente por el punto del chile picante ; cuando de niño los probé eran muy picosos, porque a la masita que va de relleno se le ponían directamente la salsa o los chiles.
Un niño no podía comerlo fácilmente, yo recuerdo que me lo comí con temor a darme una buena enchilada (…) Hoy, esa salsita sí es picosa, pero ya se pone aparte o bien se le da una buena mordida a un chile toreado”, relata.
Incluso, menciona que la memoria popular y lo que cuenta su familia es que, debido a esa mezcla de sabores y al picor intenso, don Lauro —a quien se le considera el creador de este platillo, ya que instaló su puesto en la antigua estación del ferrocarril en la capital allá por los años 40— terminaba cansado de dar explicaciones sobre la mezcolanza de ingredientes que llevaba el taco , por lo que para librarse de las preguntas y con un toque de humor impuso la frase que bautizaría para siempre a su creación: “¡Si quiere envenenarse, coma tacos!”; leyenda que fue plasmada como rótulo en su puesto y se puede apreciar en una fotografía en blanco y negro que hoy forma parte de los archivos.
El legado Don Jesús, de 63 años, relata cómo su papá y su hermano mayor, ya fallecidos, fueron quienes comenzaron con este legado familiar.
Todo inició porque su padre trabajaba como intendente haciendo el aseo en la antigua estación del ferrocarril, un espacio donde por azares del destino conoció a un hombre llamado Cruz, a quien cariñosamente le decían Crucito .
Cuenta que, tras el fallecimiento de don Lauro, quizá porque la familia ya no lo quiso o por cuestiones del destino, Crucito se acercó a su familia, convirtiéndose en el eslabón clave al ser quien les enseñó los secretos de la receta original.
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