Le diste los correos de tu empresa a la IA, pero, ¿quién vigila que no filtre tus secretos?
La inteligencia artificial ya no se limita a responder preguntas, ahora, gracias a la IA agéntica puede consultar correos, acceder a bases de datos, interactuar con aplicaciones corporativas y ejecutar tareas en nombre de los empleados.
Esa autonomía es un problema de seguridad para las empresas que no tienen un plan para evitar que la tecnología comparta información confidencial, acceda a documentos fuera de sus funciones u opere sin autorización.
El riesgo no es solo que se equivoque, sino la velocidad y el alcance que esos errores pueden adquirir.
En entrevista con Expansión, Román Baudrit, vicepresidente del área de ventas de Seguridad de Aplicaciones y Datos de Thales Cybersecurity Products para América Latina, advierte que los agentes llegan a organizaciones que ya arrastran deficiencias en la protección de su información.
Para el especialista, el riesgo comienza antes: cuando la empresa desconoce cuáles son sus datos más sensibles, quién accede a ellos y qué consecuencias tendría su exposición.
Los agentes de IA necesitan permisos como cualquier empleado “El problema no es la IA, el problema es que yo antes de desplegar la IA no tenía una buena cultura de protección de la información”, señala.
En México, 89% de los líderes empresariales planeaba incorporar agentes digitales durante 2025, de acuerdo con el Índice de Tendencias Laborales de Microsoft , aunque no todos concretaron esos planes; la misma encuesta halló que 41% ya los usaba para automatizar procesos.
A escala internacional, la encuesta Agentic AI Survey 2026 , de SAP LeanIX, indica que 98% de las organizaciones ya implementó agentes o planea hacerlo, pero solo 17% tiene visibilidad sobre su desempeño y cumplimiento de las reglas, y 48% carece de responsabilidades claramente definidas para administrarlos.
Durante años, las empresas desarrollaron mecanismos para administrar las identidades de sus trabajadores: usuarios, contraseñas, permisos y bajas de cuentas.
Con la IA agéntica , esos controles deben extenderse a identidades que no son personas.
Baudrit explica que cada agente debe tener una identidad digital que permita reconocerlo, autenticarlo y delimitar sus funciones: a qué bases de datos accede, qué aplicaciones usa, qué información puede compartir y cuándo se revocan sus permisos.
“Todo esto que nosotros hacíamos para los usuarios internos humanos, tenemos que desplegarlo ahora para los agentes”, refiere.
El desafío crece porque una empresa puede operar varios agentes que intercambian información: uno consulta datos de clientes, otro elabora reportes y un tercero ejecuta acciones en una plataforma corporativa.
Sin permisos delimitados, esa interacción puede ampliar el alcance de un incidente.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en expansion.mx — el contenido pertenece a Expansión (Tecnología).