Cinco hábitos que todo usuario debe adoptar para mejorar la seguridad de su teléfono
El 98% de los profesionales de ciberseguridad considera que las empresas deben reforzar sus defensas ante amenazas cada vez más sofisticadas, según datos de Kaspersky.
Detrás de esa estadística hay una realidad cotidiana que afecta a cualquier usuario: contraseñas comprometidas , datos expuestos y dispositivos vulnerables son consecuencias directas de descuidos que se pueden evitar con rutinas simples. ¿Qué es la higiene cibernética? El concepto de higiene cibernética —también conocido como ‘digital hygiene’ o seguridad digital básica— agrupa los pasos rutinarios que cualquier persona puede seguir para proteger sus dispositivos, cuentas, datos y conexiones a internet.
A diferencia de la seguridad avanzada, que requiere equipos especializados y políticas corporativas complejas, estas prácticas están al alcance de todos.
La analogía con la higiene personal no es casual: así como lavarse las manos o cepillarse los dientes son actos simples que previenen problemas mayores, los hábitos digitales repetidos con regularidad reducen el riesgo de robo de identidad, fraude, pérdida de datos o bloqueo de sistemas.
Muchas brechas de seguridad no se producen por ataques sofisticados, sino por descuidos cotidianos: contraseñas débiles, aplicaciones sin revisar o dispositivos sin respaldo.
Los cinco hábitos esenciales para un teléfono seguro La empresa de telefonía Claro detalla cinco hábitos que ayudarán a mejorar la seguridad de un smartphone, el teléfono móvil más usado en el mundo.
Actualizar las contraseñas con regularidad es el primer paso.
Las contraseñas siguen siendo la principal puerta de entrada al mundo digital.
Cambiarlas periódicamente, evitar su reutilización entre distintas cuentas y optar por combinaciones largas y únicas reduce de forma considerable la exposición.
El uso de un gestor de contraseñas facilita esta tarea sin sacrificar la complejidad necesaria.
El segundo hábito es evitar enlaces y archivos sospechosos.
El phishing —engaños a través de correos electrónicos, mensajes o enlaces maliciosos— es uno de los métodos más frecuentes que emplean los atacantes.
Antes de hacer clic en cualquier enlace, conviene preguntarse si el mensaje era esperado y si el remitente es de confianza .
Esa verificación previa puede evitar que se abra una puerta sin advertirlo.
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