El poliéster pasa de moda: por qué los consumidores vuelven a rechazarlo
En junio de este año, Gap Inc. lanzó una colección de edición limitada que tenía todos los ingredientes para ser un éxito rotundo.
La pequeña selección de blusas, faldas y vestidos, con precios desde unos 60 dólares, rendía homenaje a un suéter de cuello alto y rayas de colores que se ha convertido en una pieza codiciada en las tiendas de segunda mano entre los consumidores de la generación Z.
El diseñador Zac Posen reinterpretó aquel tejido grueso de mezcla de lana de hace 26 años y lo convirtió en un suéter de verano al imprimir una imagen fotorrealista de sus puntos sobre una malla ultraligera de poliéster y elastano.
La estrategia de dar un nuevo giro a algunas de sus prendas emblemáticas de la época en que dominaban los centros comerciales le ha funcionado a Gap, cuyas ventas han crecido durante los últimos dos años tras varios intentos fallidos de recuperación.
Esta vez, sin embargo, la gente se indignó.
Y mucho.
En un video con más de medio millón de reproducciones, la creadora de Instagram @refashionedhippie calificó la colección como “todo lo que está mal en la moda actual ”.
Miles de personas coincidieron en los comentarios.
En distintas plataformas, la reacción se resumía en una pregunta: ¿poliéster? ¿En serio? La intensidad de la reacción ante estas prendas podría parecer extraña.
Hoy, el poliéster representa la mayor parte de la producción mundial de fibras y Gap, como prácticamente todas las marcas de ropa del mundo, lleva mucho tiempo vendiendo prendas de poliéster o de otros materiales sintéticos (el suéter Happy Stripe original era, de hecho, mitad acrílico).
Los materiales sintéticos comunes derivados del petróleo cuestan una fracción de lo que cuestan las fibras naturales y, durante décadas, los compradores han favorecido a las marcas que sustituyen el algodón, el lino y la lana por estos materiales para bajar los precios.
Primero se enamoraron de los gigantes europeos de la moda rápida H&M y Zara; después acudieron en masa a las plataformas de compras de Shein y Temu, que ofrecen una variedad casi inconcebiblemente amplia de ropa baratísima enviada directamente por fabricantes chinos.
Las marcas que utilizaban menos materiales sintéticos perdieron clientes , que se fueron en busca de mejores precios.
Para reducir los suyos, terminaron por ceder y comenzaron a usar más fibras fabricadas por el ser humano.
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