Así operaba la red marítima que abastecía de cocaína al Cártel de Sinaloa y al CJNG desde Ecuador
El mar territorial de Ecuador y las vastas aguas del Océano Pacífico Oriental se convirtieron en la principal autopista clandestina para abastecer de cocaína a las organizaciones criminales más poderosas de México.
Una reciente investigación revelada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos destapó pieza por pieza el complejo mecanismo operativo de una red internacional que, bajo la fachada de la industria pesquera ecuatoriana, enviaba miles de kilogramos de droga mensuales hacia territorio mexicano.
Esta sofisticada cadena de suministro no operaba en el vacío.
Según las autoridades estadounidenses, la logística marítima estaba al servicio directo de una violenta guerra librada a miles de kilómetros de distancia: la pugna entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Para asegurar su hegemonía en el tráfico global, ambas mafias mexicanas tejieron alianzas con organizaciones sudamericanas clasificadas actualmente como terroristas , subcontratando el traslado y la protección de sus cargamentos desde las costas andinas hasta México.
La fachada perfecta: pescadores al servicio del narco El corazón de la operación radicaba en el puerto de Manta, Ecuador, donde criminales explotaban la industria pesquera para camuflar sus actividades.
La estructura estaba encabezada por la familia Mero Mero, a través de la empresa Arcasdenoe, S.A.
Alfonso Mero Mero y sus hijos, Roberth y Edwar, comandaban una flota de al menos diez embarcaciones comerciales que el gobierno estadounidense ha ordenado bloquear.
Nombres como “Todos Vuelven”, “Arca De Noe III”, “Conquista” y “Siempre Mi Arca” funcionaban como piezas clave de este engranaje criminal.
El modus operandi era audaz.
En lugar de llevar la droga desde el puerto hasta su destino final en un solo viaje, los grandes pesqueros utilizaban combustible subsidiado por el gobierno para adentrarse en el Pacífico Oriental.
Allí, en coordenadas secretas y en medio de altamar, transferían toneladas de cocaína a lanchas rápidas.
Pero las embarcaciones pesqueras no solo servían como cargueros.
Operaban como verdaderas bases de apoyo logístico y “gasolineras flotantes”.
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