La sonrisa de Theranos: entre la tecnología y el hype
Está por salir You Can See Everything , presentada en el Telluride Film Festival, donde Elizabeth Holmes aparece junto a Nathan Fielder en un intento por disputar la narrativa que quedó tras el colapso de Theranos.
Antes que nada, mi respeto y solidaridad con quienes sufrieron las consecuencias de decisiones médicas basadas en resultados incorrectos de los productos que Theranos llevó prematuramente al mercado.
Eso no está en discusión.
Yo nunca invertí en aquel sueño, como sí lo hicieron cientos de inversionistas.
No por haber descubierto antes que nadie lo que ocurría, sino por una razón bastante menos heroica: nunca me ha sobrado dinero.
Pero hay algo curioso en cómo hablamos de quienes sí invirtieron; y no estamos hablando de tiburoncitos prometiendo cacahuates.
Cuando las apuestas salen bien, celebramos la visión de los inversionistas.
Cuando salen mal, hablamos de incautos.
En realidad, buena parte de esas inversiones son spillovers del capital que voluntariamente busca incertidumbre: dinero que acepta perder muchas veces con la esperanza de acertar extraordinariamente en unas pocas.
Por algo se llama capital de riesgo.
Y cuando nadie quiere que lo llamen ingenuo, siempre queda una denominación bastante más celestial: angel investor .
En ese ecosistema abundan las etiquetas.
Una de mis favoritas es “emprendimiento de impacto social”, expresión que siempre me ha parecido curiosa: ¿existe realmente un emprendimiento sin impacto social? Hasta quien vende gelatinas modifica, aunque sea microscópicamente, empleo, consumo, proveedores, hábitos y comunidad.
Con Holmes aparece además otra dimensión que conviene tratar con cuidado: el género.
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